lunes, 3 de noviembre de 2008

De títulos y nombres propios


¿Que tal lleváis el asunto de los títulos para vuestras obras? Yo, fatal.
El título de un libro es como el aspecto físico de una persona: tiene que entrarte por los ojos, resultar atractivo a primera vista y sugerirte algo de lo que puedes encontrar, si lo abres; y si no cumple esa premisa es muy probable que no te molestes en averiguar "la belleza que se esconde en su interior", por eso es tan importante y tan difícil acertar con el más apropiado.
De las dos novelas que tengo escritas, a la primera le cambié el título tropecientas veces; cuando la había terminado todavía no lo tenía claro, pero cuando ya estaba con el repaso se me encendió la "bombillita" de repente y lo encontré.
Con la segunda ocurrió algo muy curioso: una frase estuvo dando vueltas en mi cabeza durante mucho tiempo, y esa frase, convertida en título, dio origen a toda la novela.Cuando se trata de cuentos o relatos cortos no tengo problema: pongo el primero que se me ocurre; quizás porque no les doy tanta importancia.
Lo de los nombres de los personajes lo llevo mejor; normalmente me viene dado con la misma historia: se me ocurre una idea, y el/la protagonista de inmediato me dice su nombre.
En las novelas, donde los personajes están mucho más definidos, es más fácil, si cabe.

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