domingo, 26 de abril de 2009

Soliloquio suburbano



Una sacudida del vagón casi hizo perder el equilibrio a Marcela que vio de refilón a una mujer junto a ella.

-Perdone señora, ¿la he pisao? Es que estos conductores no sé en qué andan pensando. Claro, to’l día vía p’arriba vía p’abajo, se tienen que aburrir, los pobres. Si lo mismo le pasaba a mi Paco, que en gloria esté…trabajaba de vigilante en una fábrica ¿sabe, usté? y lo único que tenía que hacer era sentarse en la garita y vigilar quién entraba y quién salía, ¡ni al baño podía ir sin pedir permiso! Y lo pasaba mu malamente, el pobre. Ya me dirá usté: allí sentao to’l día sin hacer ná; le entraba una modorra, que se las veía y se las deseaba p’aguantar despierto. ¡Ay, mi Paco! ¡Qué sola me dejó…! Un cáncer me lo llevó. Pa la Purísima hará diez años. Si ya se lo decía yo: “Paco, que el tabaco te va a matar”, pero él, como si oyera llover, oiga. Pa mí la pena más grande fue que no llegara a conocer a su nieto; de ocho meses estaba la Mari, ya ve usté por qué poquito…También ha tenío mala suerte, la pobre: se casó con un sinvergüenza que le dio mu mala vida y la dejó plantá con el crío recién parío y una mano delante y otra detrás, y yo no la iba a dejar tirá ¿me comprende? asín que nos tuvimos que apañar los tres con la pensión que m’había quedao de mi Paco, que ya se puede usté imaginar la miseria que era…Ahora, también le digo una cosa: que mejor ha sio así; aquel pájaro no era trigo limpio, ya se lo decíamos a la niña mi Paco y yo, pero claro, cuando una está enamorá no escucha ná ¿verdá, usté? Si es que la vida es mu dura pa tós...Ya ve, ahora que empezábamos a levantar cabeza resulta que me viene a mi lo mío: azucar, m’han encontrao, y colesteró de ese, y no sé cuantas cosas más que no sé ni pronunciá. Ahora mismamente vengo del médico que m’ha mandao unos analísis. Ya ve usté, yo que he estao siempre más sana que una manzana; media vida m’he tirao en el campo de sol a sol y ni un costipao que me he cogido. Pero ya se sabe, los años no perdonan, y que he llevao una vida mu achuchá, oiga. Bueno, que yo ya me bajo. Encantada de haber echao este ratito con usté, señora; si no fuera por estos momentos, ¿verdá? A ver si nos encontramos otro día. ¡Ea! Que usté lo pase bien, adiós señora.

Y Marcela bajó del vagón llevándose consigo su reflejo en la ventana, con el que, sin advertirlo, había estado conversando durante todo el trayecto.

(Una "chorrada" escrita por Lola Mariné)

¡Feliz domingo!

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