miércoles, 12 de agosto de 2009

Viaje a Portugal (I)

Con permiso de Saramago (o no) le copio el título de uno de sus libros para contaros mis aventuras por tierras lusas.

Llegamos a Oporto al atardecer y tras dejar las maletas en el hotel nos fuimos a tomar nuestro primer "vinho verde" al Café Majestic, un precioso local inaugurado en 1921 que fue punto de encuentro de escritores y artistas y ahora lo es de turistas. Se parece sorprendentemente al Café Paradís de uno de mis relatos, quizás es el café que siempre soñé.

Por la mañana, la visita obligada de nuestra agenda era la Librería Lello que no nos decepcionó en absoluto, aunque las fotos en interiores no nos salen muy bien.
De camino nos topamos con una "invasión" de estatuas realizadas con todo tipo de materiales que llenaban la Avenida dos aliados.

Tras la visita a la librería nos acercamos a la iglesia y la torre dos Clérigos, construidas en el siglo XVIII y que combinan armoniosamente barroco, rococó y neoclásico.

Por la tarde nos encaminamos al barrio de la Ribeira,
quizás el más representativo de Oporto, con sus laberínticas callejuelas y la ropa tendida en los balcones, hasta llegar a orillas del rio Duero. No podía faltar el paseo en barco y la visita a las bodegas para probar el dulce vino de Oporto. Buenísimo.

Al día siguiente decidimos ir a Aveiro, una localidad cercana a la que denominan "la Venecia de Portugal" por sus canales, puentes y góndolas que recuerdan a la ciudad italiana.

Oporto tiene el encanto de una ciudad de provincias con cierto aire marinero pese a que se asoma al Duero y no directamente al mar; los típicos azulejos pueden sorprenderte en cualquier esquina y sus cuestas ponen a prueba la forma física del más avezado turista. Sus gentes son amables y el idioma me parece precioso.

En la próxima entrega nos iremos a Lisboa.

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