viernes, 25 de septiembre de 2009

Casi me da un infarto...


Levantarse por la mañana, tomar el café en la terraza contemplando el mar, sentarse ante el ordenador y ponerse a trabajar: escribir,escribir, escribir...

Despierta, Lola, que por ahora, eso todavía es un sueño.

Pero hoy me he sentido un poco más cerca de ese sueño. Me he levantado, me he tomado el café...en el salón, y me he puesto a trabajar: escribir, escribir, escribir...
Sin tener que desdoblarme en vendedora por la mañana y aspirante a escritora por la tarde, sin atender llamadas de trabajo en medio de un diálogo, sin emails de mi jefa, que trabaja 24 horas diarias, para recordarme esto o aquello.
Hoy he sido escritora durante todo el día (con descansos, eso sí, que tampoco hay que matarse).
He avanzado mucho y ya he cogido carrerilla; no hay dudas ni atascos, la historia fluye, los personajes están vivos y toman el control de sus vidas, yo les acompaño, les ayudo a expresarse, les llevo de la mano para conducirles hasta su destino. Porque aunque no creo en la predestinación en la vida real, en la novela, sí; su destino ya está escrito en mi mente y no podrán hacer nada por evitarlo (o sí...).

Y aquí es cuando sufro el infarto: cuando decido terminar por hoy, se me desconecta el ordenador...Vuelvo a encenderlo y busco ansiosa mi novela; lo último que hay guardado corresponde a día de ayer. ¡Ahhhhhhh.....! ¡Socorro! Un capitulo entero, no sé cuantas páginas ¡maldita tecnología!
Pero no, no despotriquemos antes de tiempo, este cacharro es listo y me ofrece dos opciones: "archivos guardados" y "archivos recuperados".

¡Uff! Hoy ha sido un buen día.

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