sábado, 26 de diciembre de 2009

Los gatos de la cabecera: el origen


Uno de los prodigios de Internet es que te permite reencontrarte con personas que en otro tiempo quizás nunca habrías vuelto a ver, aún viviendo en la misma ciudad.

Hace exactamente cuatro años, por estas mismas fechas, este invento propició una reunión entre antigu@s compañer@s de colegio; y me gustó comprobar que mis amigas de entonces se habían convertido en estupendas mujeres (pese a la espantosa educación de la época que nos tocó vivir, dicho sea de paso).

Me impactó la imagen que algunas compañeras guardaban de mí: "Tú siempre estabas castigada"; "Dibujabas muy bien"; "te gustaba mucho cantar y bailar"; "tú eras la escritora...".

Me fui a casa pensando en esto último:"tú eras la escritora...". Casi se me había olvidado. ¿Y por qué no?, me dije entonces. Fue cuando me propuse ponerme a escribir "en serio", y hasta hoy.

Pero estoy divagando. ¿Qué tiene que ver todo esto con el título del post?, os preguntaréis. Pues que en esa reunión me encontré con Rosa que es la creadora de los gatos de la cabecera.

Rosa es artesana; trabaja a diario en su taller y los fines de semana vende sus creaciones en un puesto de las Ramblas de Barcelona. Los gatos, como podéis ver en las fotos, son en realidad lámparas; tiene otros diseños, a cual más bonito, y también vende dinosaurios que exhalan incienso por la boca, cocinas antiguas humeantes, brujas y otros artilugios más sencillos para el incienso. Todo hecho por ella misma con papel reciclado, madera y cerámica.

Como veis, la parada en sí misma ya es una belleza. Estos días de Navidad está en la feria de la Gran Vía, (entre Viladomat y Calabria, para l@s que estéis en Barcelona y queráis hacer un regalo original), el resto del año la podéis encontrar al final de las Ramblas.

Ese es el origen de los gatos que Rosa me permite usar generosamente, y le debía, cuando menos, un post de agradecimiento.

Gracias, Rosa.

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