martes, 19 de enero de 2010

La pasión turca, de Antonio Gala


He visto la película de Vicente Aranda un montón de veces; más que nada porque me encanta ver imágenes de Estambul, pero nunca me planteé leer la novela de Antonio Gala.
Sin embargo, la última vez que vi la peli (y me convenció tan poco como en ocasiones anteriores), me pregunté cómo sería la novela, y decidí leerla.

Debo decir que me reencontré con el Gala que me gusta, con el Gala capaz de comprender la psicología femenina hasta el punto de crear personajes inolvidables, con el Gala de las grandes protagonistas de sus obras teatrales.

La película de Vicente Aranda convirtió la obra en poco menos que en una película erótica; no refleja, a mi entender, la verdadera esencia de la historia: la degradación moral de una mujer dominada por una pasión de la que no puede ni quiere escapar, una degradación de la que es consciente en todo momento y la acepta como algo inevitable, como una fatalidad cuya única salida es la muerte (del uno o del otro, o tal vez de los dos).
Es una novela que habla de sentimientos, y Antonio Gala los expresa de forma magistral a través de los cuadernos que Desideria escribe en la soledad del piso que comparte con Yaman mientras espera su regreso, sólo vive para esperar su regreso cada día.
El final de la novela es el único posible, el único coherente con la historia y con el personaje; no ese final descafeinado que nos ofrece la película.

No sé lo que opinará Antonio Gala, pero yo creo que Vicente Aranda le hizo un flaco favor. Por eso, aunque hayáis visto la película, os recomiendo leer la novela, porque os sorprenderá.

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