lunes, 15 de marzo de 2010

Guerra por los tejados


Este fin de semana ha sido un poco movidito en mi casa.

Mi hijo Álvaro se vino con su gato, Jimmy, con la idea de dejarlo con nosotros mientras él está de viaje por Sicilia.

Yo tenía mis reservas: Jimmy es un encanto y es monísimo, pero Lluna, que también es un encanto y monísima, es, además, muy suya, dueña y señora de la casa, y de su propietaria, o sea, una servidora. Y yo no tenía muy claro cómo se iba a tomar la llegada de un gatote enorme y pesadísimo que no para de perseguirla (con las mejores intenciones, eso sí).


Los mantenemos separados y dejamos que se vayan conociendo poco a poco bajo nuestra supervisión.Por parte de Jimmy no hay problema: está fascinado con Lluna; pero ella no parece corresponderle y le pega unos bufidos y unos gruñidos que me asusta incluso a mi, que nunca la había visto así. Entonces él se tumba a cierta distancia y la contempla con arrobo mientras ella no le quita la vista de encima...


No sé lo que pasará. En casa llevamos tres noches casi sin dormir y todo el día andamos estresados, y supongo que los gatos,también. Me da mucha pena, pero me temo que si las cosas no cambian Jimmy tendrá que irse.



Yo le digo a Lluna que no sea egoísta, que se acuerde de cuando ella llegó a casa y el pobre Tito, que era un viejo cascarrabias, la aceptó sin reservas; que también con Jimmy podrían dormir juntitos, darse calor en invierno, jugar y hacerse mutua compañía; pero parece que no la convenzo.

En fin, les daremos algún día más y a ver que pasa. Ya os contaré.

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