martes, 9 de marzo de 2010

Tal día como hoy, hace veintiún años...


Por descontado que no había caído una nevada como la de ayer sobre Barcelona (en el Facebook he puesto algunas fotos de mi paseo por el barrio).

De todas formas, los hechos que voy a narraros sucedieron en Madrid, en un día radiante de sol que anunciaba la llegada de la primavera (¡qué cursi!).

El caso es que, esa mañana, después de una larga noche de espera, y de decirle de todo menos guapo a mi ginecólogo, a mi marido, y a todo el que se pusiera por delante, vi, por primera vez, los ojitos sorprendidos y asustados de mi hijo, recién salido del plácido habitáculo en el que había vivido tan a gustito durante los últimos nueve meses.

Como solemos decir en estos casos: parece que fue ayer...

No voy a daros la paliza contándoos veintiún años de gracietas ni a castigaros con todo un recorrido fotográfico a través de su biografía (y de la mía).
Sólo quería compartir con vosotr@s ésta feliz conmemoración y deciros que, por muchas novelas que escriba, por muy bien que me vaya, ésta será siempre mi mejor obra y de la que me sentiré más orgullosa.


Ahora nos vamos a celebrarlo por ahí, como cada año, y la semana próxima, el "niño" se carga la mochila a la espalda y se va a recorrer Sicilia...Eso es lo malo de los hijos, que aunque ellos no lo entiendan, son para siempre, y siempre nos preocuparemos por ellos.

Y en la próxima entrada, volveremos a la literatura; que esto ya parece un diario personal (y ñoño).

(PD:Pero no me diréis que no es guapo, el jodío).

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