viernes, 18 de junio de 2010

¡Ciao amici, sono tornata!

Me he enamorado de Sicilia, así, sin más. Ahora comprendo a mi hijo: ¡yo también quiero irme a vivir allí!
Tengo tantas cosas que contar que no sé ni por dónde empezar. Bueno, lo mejor será hacerlo desde el principio ¿no? Pues allá vamos.

Terrasini, donde vive mi hijo, es un pueblo de pescadores cercano al aeropuerto de Palermo. Álvaro fue a parar allí como podía haber caído en otro sitio: bajó del avión y se echó a andar por la carretera hasta que alguien, que iba a Terrasini, se ofreció a llevarlo...en dos días tenía trabajo y casa, y ahora comprendo el porqué.

Los sicilianos son una raza aparte. Nada que ver con la idea que tenemos de ellos a través de las películas...Son gentes amables,  sencillas y acogedoras; al menos, los que yo he conocido. Tienen una concepción de la familia que nosotr@s (creo) hemos perdido, y por esa razón a mi me han tratado con un cariño y una consideración muy especiales: soy la mamma de Álvaro, el espagnolo que ya es uno más entre ellos (cosa que pude comprobar en cuanto le vi en el aeropuerto con una pinta de siciliano que te mueres, y por las calles del pueblo, donde se paraba a saludar a todo el mundo y presentarles a la mamma).
Vive en la plaza del pueblo, frente al Duomo (la iglesia), que toca las narices cada quince minutos con sus campanas durante las veinticuatro horas del día...pero tiene su encanto.

Sicilia, desde el cielo, es como una gran roca en medio del mar, y Terrasini está aprisionado entre un mar salvaje y acantilado e imponentes montañas.

Al día siguiente de mi llegada fuimos a  Palermo que se encuentra a treinta kilómetros de Terrasini, pero en tren se tarda hora y media en llegar...el tema del transporte público en esta isla merece capítulo aparte, ya os contaré.

En Palermo se mezclan el pasado y el presente y coexisten distintos estilos arquitectónicos como consecuencia de las diversas invasiones que ha sufrido Sicilia a lo largo de los siglos; visitamos, entre otros lugares de interés, la Fontana Prettoria, el Teatro Massimo (en cuyas escaleras se rodó una escena de El Padrino), el Teatro Politeama y el Parque Marina en el que hay enormes ficus milenarios.

Os pongo aquí alguna fotillo y pondré más en el Facebook, por no cargar esto demasiado. Y en cuanto a la historia del viaje...continuará.

Fotos: 1- Cala de Terrasini; 2- En la terraza; 3- Fontana Prettoria; 4- Ficus gigante.




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