miércoles, 13 de octubre de 2010

I love Dublin

 
¡Ya estamos aquí!
Al menos, físicamente, porque mi cabeza llega con más retraso que las dos horas que tuvo a bien regalarnos Ryanair para que "disfrutáramos" del aeropuerto de Dublin.

¿Por donde empiezo? Bueno, casi que por el principio ¿no?

Nuestro hotel estaba en pleno centro, y cuando nos encaminábamos hacia él, arrastrando la maleta, James Joyce tuvo el detalle de salirnos al paso para darnos la bienvenida. Como recompensa le hicimos montones de fotos y pasábamos a saludarle cada día (vivíamos al final de la calle).
Dublin es una ciudad pequeña y acogedora que se recorre facilmente a pie (mejor si el izquierdo no está operado dos meses atrás). Así que al día siguiente de nuestra llegada salimos, tempraneras y animosas, cámara en ristre.

Después de darle los buenos días al señor Joyce cruzamos el río Liffey y no tardamos en encontrarnos con el Trinity College: impresionante. Se me ponía la piel de gallina al pensar en los grandes genios literarios que pisaron antaño aquellas mismas piedras. A ver si se me pega algo...

Seguimos calle abajo para hacerle una visita a Molly Malone que sonríe a los paseantes con su carrito de pescado y un escote a prueba de una intrépida irlandesa como ella.

Más tarde nos tomamos un descanso en Stephen's Green, un remanso de paz con lagos y jardines en pleno centro, y recuperamos fuerzas para ir en busca de Oscar Wilde, cuya estatua se halla en otro parque cercano.

Por la tarde, no podía faltar la obligada visita al Temple Bar para pasear por calles repletas de pubs y restaurantes y escuchar música irlandesa en directo.

Los irlandeses, tal como me habían dicho, son gente encantadora, amable y simpática hasta el punto de que un conductor se baje del autobús para hacerte una foto, que la gente se te enrolle por la calle con una sonrisa para hablar del tiempo o preguntarte de donde eres, que cualquiera que te cruzas te sonría y te desee una feliz estancia, o que una vendedora de una tienda o un empleado de la estación de trenes, ante mi inglés macarrónico, se esfuerce por hablarte en español y te cuente de cuando estuvo en Madrid o en Barcelona.

Otro día os cuento  de nuestras escapadas a la costa y más de Dublin, que es pequeño pero da para mucho.

Tengo pocas fotos porque la encargada de la cámara es Montse y creo que está moribunda después de haber tenido que madrugar esta mañana para ir a trabajar. Ya iré poniendo más fotos cuando ella me las pase y también podéis ver algunas en su blog.

Continuará...

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