miércoles, 12 de enero de 2011

El sentido de la vida

Mi hijo está en esa edad en la que un@ se hace las grandes preguntas: ¿quien soy? ¿de donde vengo? ¿a donde voy?

La primera consecuencia visible de esto es que van desapareciendo de mi biblioteca los libros de filosofía ;  Nietzsche, Platón, Hume, Sartre, e incluso Woody Allen y Groucho Marx, que a mi me parecen grandes filósofos, se han trasladado a su habitación.

Después vienen esas conversaciones en las que acabas enredándote con las palabras y las ideas y ya no sabes si vienes, si vas o si pasabas por allí.

Una de esas conversaciones fue como sigue:

Él: Ya he entendido cual es el sentido de la vida.
Yo: ¡Ah! ¿Sí? ¿Y cual es?
Él: No tiene ningún sentido...
Yo (sin mostrarme totalmente en desacuerdo): Bueno, tiene el sentido que cada un@ quiera darle...
Él: Puede ser...porque en sí misma no tiene ningún sentido. Lo que pasa es que los seres humanos    nos   complicamos mucho. Lo leí en algún libro...no recuerdo cual...
Yo: El caso es que me suena...¡Coño! (perdón, es que en familia no soy políticamente correcta) ¡si eso lo dice Elena en Nunca fuimos a Katmandú!

Dice Elena: —La mayoría de los seres vivos nacen, tratan de sobrevivir, se reproducen y mueren sin tantos aspavientos como hacemos los humanos. No somos más que el resultado de un accidente químico. Si llegáramos a entenderlo así seríamos más felices.

...
Nos empeñamos en creernos superiores al resto de los animales y no lo somos. Si realmente hubiera un dios observando el universo desde arriba se partiría de la risa contemplando nuestros ímprobos esfuerzos por darle sentido a nuestra existencia y lograr grandes hazañas.

Gloria: Pero sí somos superiores, tenemos capacidad de pensar, y sentimientos…

Elena: Pues más nos valdría librarnos de todo ese lastre que nos frena y no nos deja disfrutar de lo que tenemos.
...¡Carpe Diem!
 

¡Jopé! ¡Qué responsabilidad...!

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