domingo, 20 de febrero de 2011

Dublinesca, de Enrique Vila-Matas


 Samuel Riba es un editor retirado que para paliar el vacío en el que transcurre su existencia desde que cerró su editorial y huir del amenazador fantasma de   recaer en el alcoholismo  que a punto estuvo de costarle la vida, se inventa un viaje a Dublín en el que pretende celebrar el Bloomsday (recreación del día en que transcurre el Ulises, de James Joyce) y ya de paso, organizar un funeral por el fin de la era Gutemberg, o lo que es lo mismo, por la muerte de la literatura, tal y como él la entiende.

Dublinesca es, a mi entender, un homenaje a la literatura en general, y al Ulises de Joyce en particular, ya que, como es bien sabido, Vila-Matas es un gran admirador del autor irlandés y miembro de la Orden del Finnegans, una sociedad dedicada a honrar la memoria y la obra del insigne escritor.
Tanto el Ulises como el propio Joyce están presentes a lo largo de toda la novela, en la que también se menciona a Samuel Bequett, a Brad Stoker e incluso a Paul Auster,  así como a algunos autores más.

Sé que Vila-Matas no es un autor para todos los públicos, o te entusiasma o te aburre soberanamente. Yo solo había leído de él El viaje vertical, y la verdad es que ni fu ni fa, pero he disfrutado mucho con Dublinesca, es un festival literario, una clase magistral, el tipo de literatura que admiraría el mismísimo Samuel Riba.

Me alegro de haber llegado a Dublinesca después de haber leído el Ulises (que me costó lo suyo, las cosas como son), y de haber viajado a Dublin. Ambas circunstancias me han permitido disfrutarlo más, si cabe.

Le recomendaría esta novela especialmente a los escritores y a quienes de una manera o de otra están vinculados al mundo literario, y también a todos aquellos lectores que aman la LITERATURA, así, con mayúscula.

Feliz semana.

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