domingo, 31 de julio de 2011

Escribir una nueva novela

Hace algunos días, empecé, casi sin darme cuenta, a escribir una nueva novela.
La empecé, como siempre: cuando tuve clara la primera frase.
Llevaba ya algún tiempo dándole vueltas a la historia y tomando notas, pero no quería ponerme a escribir porque sabía que en el momento en que lo hiciera me convertiría en su esclava; ya no podría pensar en otra cosa, sería mi prioridad y tendría que encerrarme y escribir cada día.

Pero cuando la primera frase empezó a repetirse insistentemente en mi cabeza tuve que sentarme a escribirla y, una vez abierto el grifo, el flujo ya es imparable. Los personajes se van definiendo y me cuentan su historia. Porque yo no escribo novelas. Me las cuento, o mejor, "ellos" me las cuentan.

Es como recibir de regalo una casita de muñecas, o esas recortables a las que les poníamos vestiditos ¿os acordáis, chicas? para los chicos sería como jugar con soldaditos, con coches,  con un imenso garaje como el que tenía mi hijo y con el que se pasaba horas jugando y hablando solo (contándose historias).
Sí, ya sé que son topicazos sexistas, pero, a ver quien es el guapo que me dice que de pequeño jugaba con muñecas y la guapa que confiesa haber jugado a las batallas...

A lo que iba. Yo me pasaba horas enteras ante la mesa camilla jugando con mis muñecas recortables. Tenía una caja de zapatos llena. Lo primero que hacía era ponerles un nombre, y después interactuaban unas con otras y vivían mil aventuras. Creo que así fue como empecé a "escribir".

Y empezar a escribir una novela es un poco eso: coger unos muñequitos, ponerles nombre y pasarse muchas horas jugando con ellos e inventándose las cosas que les pasan.

Estoy contenta con mi juguete nuevo ;)

Feliz semana.

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