miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cincuenta sombras de un best seller

Hay libros y páginas de Internet que ofrecen fórmulas concretas para escribir un best seller.

A saber: lenguaje sencillo y comprensible para todos, frases cortas, personajes planos y situaciones con las que nos podamos identificar o que nos permitan soñar, cierto morbo y/o suspense, descripciones breves y orientadas al lector al que nos dirigimos. Y hablando del lector, no olvidar que se trata de un género que busca entretener, ¡bastantes problemas tenemos todos en nuestra vida cotidiana! Y, por supuesto, apuntarse al carro de la moda literaria del momento (si queremos que algún editor se arriesgue a publicarnos).

Obviamente el escritor debe tener una cierta habilidad para juntar palabras. Pero eso ya se da por supuesto, como el valor en los soldados...

Aun así es posible que no salgamos triunfantes. Que sigamos punto por punto la receta de la abuela para hacer el cocido no significa que nos vaya a salir como a ella. Hace falta un ingrediente especial, secreto, ese que muy pocos conocen y, por supuesto, no lo desvelan... Pero a veces, suena la flauta por casualidad.

Sí, lo confieso, he intentado leer Cincuenta sombras de Grey. Y digo que lo he intentado porque no lo he conseguido del todo. Es la primera vez que hablo en este blog de un libro que no he llegado a terminar (ni pienso hacerlo), pero quería leerlo, aun a sabiendas de que no me gustaría, para poder hablar con conocimiento de causa.

Bien. Al principio creía que la protagonista tenía catorce años, dada su personalidad y su forma de expresarse. Los ¡uau! ¡genial! ¡madre mía! ¡por favor! ¡qué guapo! se repiten hasta la saciedad en cada una de las páginas. Además la chica debe tener algún problema sanguíneo, porque se ruboriza constantemente, y un tic: baja la cabeza y se mira los dedos cada vez que se siente insegura (o sea, en cada párrafo).
Pero no, no podía tener catorce años porque entonces la novela sería una apología de la pederastia. Simplemente, es una tarada.

El objeto de sus deseos es guapo, rico, dominante, rarito... "Cualidades" que deslumbran a nuestra prota y consiguen que se le caigan las bragas cada vez que piensa en él, se deje manipular como un títere y esté dispuesta a todo por complacerlo, a ser su esclava...

Siglos de feminismo y de lucha por la dignidad de las mujeres tirados  por la borda gracias a una trama repleta de situaciones inverosímiles y absurdas.

Para colmo, el slogan de la campaña de marqueting: porno para mamás, ya debería tirar para atrás a cualquier mujer medianamente inteligente.  Pero no, ahí está, vendiéndose como churros aunque después todo el mundo eche pestes sobre el libro.

En fin, que los caminos del éxito literario son inescrutables...


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