lunes, 2 de junio de 2014

Hoy NO hablamos de literatura

Alguien me sugirió en una ocasión que nunca discutiese de política, religión o fútbol, y casi siempre he seguido su sabio consejo. El fútbol me la refanfinfla; la religión, allá cada uno con sus creencias mientras respeten las mías; y la política... me aburre, me altera, me cabrea, me enerva, afecta a mi vida...

Muchas veces da la sensación de que los escritores somos un poco autistas. Ya lo da el oficio, es verdad. Necesitamos soledad, recogimiento, aislarnos del mundo para crear, sí, pero vivimos en él, formamos parte de él y nos quejamos cuando algo nos molesta, queremos que se reconozcan nuestros derechos, queremos vivir dignamente de nuestro trabajo como todo hijo de vecino, y eso nos convierte en ciudadanos de a pie con derechos y obligaciones. No estamos por encima del bien y del mal.


Me sorprende cuando pasan cosas importantes en el mundo, en nuestro país, en nuestra ciudad, y los escritores siguen hablando de sus obras, cantando sus propias alabanzas y mirándose el ombligo, ajenos al mundanal ruido. Es algo que no ocurre con los actores, siempre dispuestos a "mojarse", a unirse para reivindicar derechos propios y ajenos y a luchar contra lo que consideran injusto.


Hoy dicen que es un día "histórico": el rey de España renuncia a la corona en favor de su hijo Felipe.  ¿Histórico? ¿No estaba más que cantado que esto ocurriría antes o después? Lo histórico sería que se convocara un referendum para que los ciudadanos decidieran qué tipo de Estado quieren.

Vivimos en el País del Descontento, todos nos quejamos, saltan chispas por aquí y por allá. Sería hora de que el pueblo se manifestara de forma unánime, no solo para decidir si quiere monarquía o república, sino también para decidir si quiere seguir alimentando corruptos mientras se ve obligado, no solo a apretarse el cinturón, sino a bajarse los pantalones y seguir callado.

Un verdadero cambio. Eso sí sería histórico.

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