martes, 10 de noviembre de 2015

Hace cinco años y siete libros

Celebrando el natalicio en casa
Tal día como hoy, el 10 de noviembre de 2010 se presentaba en sociedad mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú. Fue en el Ámbit Cultural de Barcelona, y no os podéis imaginar (o sí) la emoción, la ilusión, la alegría que me embargaban. Mi sueño se había cumplido, y aquel fue, sin lugar a dudas, uno de los días más felices de mi vida.

Recuerdo que mi mayor temor era que no viniera nadie a la presentación (lo sigue siendo, la verdad, y creo que lo es también para muchos compañeros escritores, dicho sea de paso), al fin y al cabo, yo era una completa desconocida; solo disponía de este humilde blog y me acababa de abrir una cuenta en Facebook por consejo de alguien. Pero la sala se llenó de amigos, familiares, compañeros de trabajo, conocidos virtuales, completos desconocidos, alguien que pasaba por allí... y me sentí muy arropada. Me acompañaban en la mesa mi agente, Joan Bruna, y mi editora, Montserrat Altarriba, y enseguida me encontré en mi salsa, no en balde tenía un pasado de actriz :)


Un momento de la presentación


Nunca fuimos a Katmandú se vendió muy bien en toda España y en Sudamérica, y antes de que muriera del todo (ya sabemos que la vida de los libros en las librerías es muy breve) publiqué la versión digital en Amazon y enseguida se convirtió en un best seller. En España, donde fue número 1 en ventas,  se vendieron unos 12.000 ejemplares en 2012, y también llegó al número 1 en Alemania y en Italia. A día de hoy todavía se sigue vendiendo, aunque de una manera mucho más discreta, por supuesto.


Ha llovido mucho desde entonces (es un decir...) y a Nunca fuimos a Katmandú le han seguido seis títulos más (que no voy a enumerar porque todos los conocéis de sobra) y un par de traducciones, hasta llegar a El caparazón de la tortuga, que apenas acaba de iniciar su andadura y no deja de darme alegrías.

Panorámica de la sala
A lo largo de estos años ha habido de todo, momentos buenos y malos, de euforia y de desánimo, pero el balance es del todo positivo. Me siento satisfecha de y con mi trabajo y  no me puedo quejar de los resultados, de lo que voy consiguiendo día a día; "se hace camino al andar" como decía el poeta, y creo que estoy en el camino correcto sin importar demasiado adónde me lleve, disfrutando del viaje, que en definitiva es lo único que de verdad importa.

Gracias a todos los que habéis creído en mi desde el principio, me habéis apoyado y lo seguís haciendo.


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