jueves, 9 de febrero de 2017

El escritor y las musas


En la última entrada de este blog me quejaba de que estaba en plena crisis. Quería escribir, empezaba historias y no era capaz de seguir, ninguna me atrapaba. "Que la inspiración te pille trabajando", decía el gran Pablo Picasso, y yo, siguiendo su máxima, trabajaba, trabajaba y me desalentaba.

Me sentía mal, porque como también decía mi admirada Rosa Montero en una entrevista (o quizá era en un libro, no recuerdo bien), "un día sin escribir es un día no vivido". Y yo me iba a la cama cada noche pensando que había desperdiciado otro día de mi vida, y me levantaba sin ilusión, sin ganas.

Mi único consuelo en esos días era la lectura, leer lo que otros sí eran capaces de escribir, para olvidarme de mi misma.

Y de pronto un día sucedió. Apareció en mi mente un personaje, toda su historia tan clara como si la viera en una película, incluso su nombre. Y como en los mejores tiempos salté de la cama y me puse a escribir. Ahora todo fluye de nuevo, Berta me persigue a todas horas para que cuente sus peripecias y yo cada día estoy más enamorada de ella. Mis días vuelven a tener sentido.

No sé si sean las musas, no sé si sea solo trabajo o la suerte de gozar de una capacidad especial, solo sé que en algún momento se produce la magia y eres capaz de crear personajes, de hilvanar una historia y acabar siendo la primera sorprendida por los
resultados.

Cuando acabo una novela siempre me pregunto cómo he sido capaz de escribir todo eso, ¿de dónde han salido esas ideas? Es algo increíble y maravilloso que solo puedo calificar como mágico y dar gracias a la vida por haberme hecho este regalo.

Y gracias también a todos los que me habéis apoyado y animado en los momentos difíciles.

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