miércoles, 14 de febrero de 2018

Los premios literarios

Los escritores, sobre todo los noveles y/o desconocidos, confiamos poco en los grandes premios literarios (la verdad es que personalmente no confío ni en los pequeños, ¿quién no tiene un hijo, un primo o un cuñado?). Y creo que no nos falta razón. No hay más que echar un vistazo a los ganadores de los galardones más importantes. No recuerdo haber descubierto nunca entre ellos a un/a autor/a completamente desconocidos (corregidme si me equivoco). O son ya famosos o tienen una larga trayectoria tras de sí.

No quiero decir con esto que muchos de ellos no sean merecedores del premio, aunque solo sea por eso: porque se han ganado el prestigio a pulso o porque tienen una larga trayectoria lograda a golpe de tecla. Pero, en teoría, el premio no se le otorga a un autor sino a una obra. Y aquí es donde surge la sospecha ya que no siempre la novela ganadora es la mejor del autor en cuestión, a veces es incluso mala.

Entonces nos preguntamos: ¿es un premio pactado? ¿es una novela escrita por encargo?

No voy a responder a estas preguntas porque no tengo la absoluta certeza ni prueba alguna de ello, pero sí albergo ciertas dudas.

Yo nunca me he presentado a un concurso literario, precisamente por todo lo que comento. Pero sí he leído muchos. En especial cuando empezaba a escribir, para saber por dónde iban los tiros, ya me entendéis. En mi ingenuidad, creía que las novelas ganadoras tenían que ser, forzosamente, lo mejor de lo mejor.

Pero el tiempo y las lecturas me han demostrado que no siempre es así.

Recientemente he leído una novela que ganó el Planeta. No voy a dar el título ni el/la autor/a porque no quiero molestar a nadie. Pero debo decir que me he pasado toda la novela cabreada: desde las primeras páginas he encontrado errores gramaticales y de sintaxis, frases ininteligibles, un argumento anodino que no me ha enganchado en ningún momento y una protagonista con la que resultaba imposible empatizar, por más que se empeñara en demostrarnos lo buena y sufrida que era. En fin, que no me ha gustado nada.

Y eso me lleva a la reflexión de que las grandes editoriales (las que otorgan los premios más importantes), no buscan la calidad ni descubrir nuevos talentos, que sería lo suyo, sino solo la seguridad de vender sus publicaciones respaldadas por un nombre y el marketing que proporciona el mismo premio.

Me diréis, "eso ya lo sabía yo", "esta se acaba de caer de un guindo", y tendréis toda la razón. Pero es soy una inocentona y todavía me creo lo que me cuentan.

Pues nada, es solo una reflexión, espero que nadie se ofenda.


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