jueves, 26 de marzo de 2015

Crónica de la presentación en Madrid de "Nepal, cerca de las estrellas"

O soy la "mujer de la lluvia" o Madrid me tiene manía, probablemente porque la dejé por otra (Barcelona) después de compartir veinte años con ella. Compréndelo Madrid, te quiero, viví contigo los mejores años de mi vida, pero la tierra tira, y ¿qué quieres que te diga?: en Madrid no hay playa, vaya, vaya...

El caso es que (no sé si por venganza) cada vez que visito Madrid me recibe con lluvia :/ Lo hizo cuando fui a mi primera Feria del Libro con toda la ilusión del mundo: acababa de publicar Nunca fuimos a Katmandú y firmaba en la caseta de la Editorial Viceversa el primer día de la Feria. A mediodía empezó a chaparrear con ganas, y cuando llegué al Retiro estaba todo embarrado y con un frío de narices, con lo cual, solo unos pocos valientes se atrevieron a acercarse y me quedé con las ganas de ver el Retiro abarrotado de gente y una larga cola ante mi caseta para que les firmara mi opera prima.
Al día siguiente, mi amiga Carmen y yo tomábamos el sol en biquini en la piscina de su apartamento.



Cuatro años después, Madrid, rencorosa, no me ha perdonado  mi deserción; la madrugada del 22 de marzo empezó a llover  y no paró en 24 horas, lo que produjo algunas bajas en la presentación del día 23. No les culpo, yo también me rajo a veces, si el tiempo o las ganas no me acompañan... Pero después de tanto tiempo, me apetecía mucho ver a viejos amigos y conocer a algunos de los nuevos.
Otra vez será.
Y, por supuesto, al día siguiente lucía un sol espléndido.




Pero los que estuvimos en la presentación lo pasamos bien. Hubo un ambiente muy agradable, mucho interés por el libro y una participación muy activa por parte del público asistente. Después nos fuimos unos cuantos a celebrarlo por el barrio de Chueca, y seguía lloviendo...

La próxima vez voy en agosto. No, que tampoco hay nadie en Madrid.

Bueno, ya veremos, pero volveré :)


miércoles, 18 de marzo de 2015

Presentación en Madrid de "Nepal, cerca de las estrellas"



Los amigos de Facebook ya están hartos de mí y de mi presentación en Madrid, pero como sé que algunos de los que os asomáis por aquí no estáis en FB os lo cuento también a vosotros para que no os lo perdáis si estáis en Madrid y os apetece pasar a saludarme,  a conocernos o a tomarnos unos vinos después del acto (literario), e incluso podéis comprar el libro y llevároslo firmado, si queréis :)

La cosa será el lunes 23 de marzo a las 19h en el Café Libertad 8, en el barrio de Chueca.



Se da la curiosa circunstancia de que en mis primeros años en Madrid viví una temporada justo enfrente, en el nº 9, y acababa muchas noches en ese local, o empezaba, cuando quedaba con amigos para ir a algún sitio. Es un local con solera y mucha historia conocido por todos los "progres", intelectuales y artistas de la capital, por lo que me hace mucha ilusión presentar allí.
Nunca imaginé, cuando vivía enfrente, que acabaría presentando un libro precisamente en ese café. Cosas de la vida...

Y volviendo al tema que nos ocupa, o sea, el libro, os dejo la sinopsis como adelanto de lo que tratará la charla, que espero que sea amena y divertida para todos.



Nepal, cerca de las estrellas, narra la experiencia de voluntariado de la autora y su hijo en una escuela de Nepal, la Kanasugi English Boarding School, situada en Tikapur, una pequeña localidad al sudoeste del país a la que ambos viajaron a finales de enero del año 2013 y donde permanecerían por espacio de dos meses.

En un tono coloquial y desenfadado, Lola Mariné comparte con los lectores contrastes culturales, anécdotas y vivencias, sentimientos y sensaciones de un viaje inolvidable que también les llevaría a Katmandú y Pokhara.

Pues eso, que tenemos una cita el lunes en Madrid :)




martes, 10 de marzo de 2015

Últimas lecturas: Millás, Laurence, Fitzgerald

No sé qué me pasa que cada vez soy más lenta leyendo. Pero bueno, no importa demasiado. Lo  importante es tener siempre un libro a mano y disfrutar de la lectura.

Empecé el año leyendo Kafka en la orilla, de Murakami, como ya comenté en un post anterior.

Después leí La mujer loca, de Juan José Millás. Siempre me ha gustado cómo maneja el lenguaje Millás, la facilidad con la que parece escribir, pero debo decir que esta novela no me ha entusiasmado. Al principio prometía: una pescadera que estudia gramática en su tiempo libre y las palabras le hablan y le piden ayuda; pero luego aparece el propio Millás desdoblándose en otro Millás ¿imaginario?, y una enferma terminal que se descuelga con una historia que no acabé de entender a qué venía. Total, una novela bastante surrealista que no me ha convencido del todo.



Seguí con El amante de Lady Chatterley, de D.H. Laurence, que  en el momento de su publicación (1928)  fue un libro polémico y llegó a estar prohibido por su contenido erótico, pero que ahora, sin embargo, ya no escandaliza a nadie.

La protagonista es una mujer adelantada a su tiempo que, infeliz en su matrimonio, busca fuera lo que le falta en casa. Me ha recordado mucho a Madame Bovary, pero puestos a elegir, me quedo con Flaubert.


Acabo de terminar El gran Gatsby, de F. S. Fitzgerald, que ha sido una lectura deliciosa. Creo que leí la novela de jovencita, pero claro, entonces no era capaz de apreciar su calidad literaria como ahora. He visto la película varias veces y supongo que todos vosotros también, por lo que no hace falta comentar el argumento.
Leyéndola, Gatsby tenía el rostro de Robert Redford y Daisy el de Mia Farrow, y los ambientes eran los de la película,  pero no me molestaba en absoluto porque creo que se hizo una versión cinematográfica estupenda (en 1974,  la de 2013, con Leo Di
Caprio me parece horrorosa).

Ahora tengo que hacer un repaso a mis libros pendientes y decidir mi próxima lectura. Tarea harto difícil, porque es como ponerse ante el escaparate de una pastelería: ¡me apetecen todos!

Y como siempre digo: mis comentarios son personales y están basados en mis gustos e incluso en mi estado de ánimo en un determinado momento. Reitero desde aquí mi respeto y admiración por todos esos autores de los que aprendo cada día.

¡Seguid disfrutando de la semana!



lunes, 2 de marzo de 2015

Del escribir...

Marguerite Duras

Os dejo algunos pensamientos de grandes escritores, que siempre gustan y motivan :)


Solo hay dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. (O. Wilde)

La escritura no es magia, sino perseverancia (Patterson)

Escribir es un acto de superviviencia (Paul Auster)

No es que escribir me produzca un gran placer, pero es mucho peor si no lo hago (Paul Auster)

Escribir era lo único que llenaba mi vida, la escritura nunca me ha abandonado (Marguerite Duras)

Escribir es vivirse, conocerse, ser arqueólogo de uno mismo. Escarbar, y si se escarba hay de todo
Jose Luis Sanpedro
dentro de nosotros: el criminal, el héroe, el cobarde...
(J. L. Sanpedro)

Si escribir es tan difícil y frustrante para mí ¿por qué sigo haciéndolo? La respuesta es que no sé parar, si pudiera dejar de escribir lo haría (Philip Roth)

Escribir lo que no se ha vivido, lo que se habría querido vivir, es una manera (tímida y cobarde) de vivirlo (Mario Vargas Llosa)

La primera persona en la que deberías pensar en complacer al escribir es a ti mismo (Patricia Highsmith)

Escribir es un psicoanálisis baratísimo (Carmen Posadas)



¡Feliz semana!

jueves, 19 de febrero de 2015

Algo sobre mí

La semana pasada mi colega y amigo Francisco Gijón me invitó a su blog para que contara algo sobre mí y mis vicisitudes literarias. Este fue el resultado:

            "Siempre me gustó inventar historias. De pequeña los mayores me miraban raro porque hablaba sola, pero en realidad lo que hacía era dar voz a mis muñecas, que vivían las mil aventuras que creaba mi imaginación.  El siguiente paso fue poner a mis amigas a representar los cuentos que yo inventaba sobre la marcha y en los que, por supuesto, yo era siempre la protagonista. Eso me llevó a convertirme en actriz, y durante algunos años (bastantes) las luces de candilejas me deslumbraron y el mundo literario pasó a un segundo plano, aunque jamás lo abandoné. No recuerdo ningún periodo de mi vida sin algún rato diario de intimidad con un libro, ni tampoco sin buscar refugio en la escritura, aunque fuera de forma esporádica, pero nunca sin un cuaderno y un libro cerca de mí. En aquella época solía decir que cuando fuese vieja y me hubiese hartado del mundo de la farándula, me retiraría a una casa en la playa, viviría rodeada de perros y gatos y me dedicaría a escribir.

Francisco Gijón
No tuve que esperar tanto (bueno, todavía queda pendiente la casa en la playa).  En algún momento comprendí que me gustaba más escribir historias que representar lo que habían escrito otros, y sin apenas darme cuenta, me vi irremisiblemente inmersa en la creación literaria. Escribí mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú, y todo fue sobre ruedas; enseguida me aceptó una agencia literaria, después una editorial; la novela se publicó y se vendió bien, sobre todo en ebook, convirtiéndose en un bestseller en el año 2012. Al mismo tiempo la crisis me alcanzó y me quedé sin trabajo, por lo que, lo quisiera o no (aunque más bien sí), me convertí en escritora a tiempo completo.

Solo han pasado cinco años desde entonces y me parece una eternidad por lo rápido que ha ido todo y lo que ha cambiado mi vida. Ya son cinco los libros que tengo publicados: Nunca fuimos a Katmandú, Habana Jazz Club, Gatos por los tejados, Nepal cerca de las estrellas y Aburrilandia, el país sin libros. Todos ellos están disponibles en Amazon en ebook y papel. 
Además, Amazon, me está traduciendo Habana Jazz Club al inglés y al alemán. Y mientras escribo una nueva novela, intento encontrar editorial  para otra que ya está lista para su publicación.

Todo esto sería muy bonito si no fuera porque, lamentablemente, no puedo vivir de mi trabajo, como la mayoría de la gente vive del suyo, que sería lo lógico y deseable. Parece que los escritores debemos pagar una especie de peaje por dedicarnos a lo que más nos apasiona, como si fuera un lujo que no tenemos derecho a permitirnos.
Espero que esto cambie algún día y que ustedes lo vean. Y yo también."

No dejéis de visitar El rincón de Francisco Gijón, es muy interesante :)

martes, 10 de febrero de 2015

Efemérides: Boris Pasternak, autor de Doctor Zhivago

Anoche me acosté a las tantas por culpa de la tele. Nunca hay nada que valga la pena ver, pero de vez en cuando, a las "mil y monas", van y programan una buena película. De alguna manera hay que llenar los espacios nocturnos, supongo...

Ayer la película que me enganchó fue Doctor Zhivago. La he visto muchas veces, tantas que ya ni me hace llorar; pero me sigue pareciendo una película grandiosa. Para mí, una de las mejores de la historia del cine, o cuando menos, una de mis favoritas.

Pero esta magnífica película nunca habría existido de no ser por la novela homónima escrita por Borís Pasternak, autor ruso galardonado con el Premio Nobel en 1958, precisamente tras la publicación de Doctor Zhivago.

No sé si es pura coincidencia o es que en televisión también hay seres pensantes, pero se da la circunstancia de que Pasternak vino al mundo en Moscú tal día como hoy, 10 de febrero, en 1890, por lo que hoy se cumplen 125 años de su nacimiento. Tal vez "alguien" tuvo la idea de rendirle un pequeño homenaje. Lástima que fuera a horas tan intempestivas.

Pasternak era hijo de un famoso pintor y una célebre concertista de piano, por lo que creció en un ambiente culto y cosmopolita; Tolstoi y Rilke eran asiduos visitantes de su casa. También destacó como poeta y publicó varios poemarios; sin embargo, siempre será recordado y conocido por el gran público como el autor de Doctor Zhivago.

Esta obra, no obstante, contenía algunas reflexiones críticas que no gustaron  al Gobierno de la Unión Soviética, y Pasternak fue perseguido de por vida hasta el punto  de verse obligado a rechazar el Premio Nobel para poder seguir viviendo en su país. La novela no fue publicada en Rusia hasta 1988.

En fin. Celebremos que Boris Pasternak existió y nos dejó una obra tan maravillosa como Doctor Zhivago. 
 
 

viernes, 30 de enero de 2015

Kafka en la orilla, de Haruki Murakami


En ocasiones he comentado que no acababa de gustarme Murakami, dicho sea con todos los respectos y el reconocimiento hacia un autor de su talla. Pero como para gustos son los colores, puedo opinar y opino: nunca me he sentido identificada con sus personajes ni me han llegado a atrapar sus historias.

Ahora, sin embargo, después de haber leído Kafka en la orilla, tengo que retractarme y decir que me ha encantado. Me ha parecido una historia llena de magia, ternura y originalidad.

En la novela se desarrollan dos historias paralelas que acabarán confluyendo en un punto común: la de Kafka Tamura, un chico de 15 años que se escapa de su casa, y la de Nakata, un hombre con retraso mental a causa de un extraño accidente sufrido en la infancia, pero con otras capacidades muy especiales, como la de hablar con los gatos y la de hacer ciertas predicciones.
Haruki Murakami

Tamura vivirá una especie de viaje iniciático que lo llevará a refugiarse en una curiosa biblioteca, al sur del país, donde conocerá a Oshima (que no es ni hombre ni mujer), y a la señora Saeki, de la que se enamorará.

Nakata, por su parte, emprende el mismo camino empujado por el deseo de cumplir una misión que él mismo desconoce, y recibirá la inestimable ayuda de Hoshino, un joven camionero que no entiende nada pero que se siente fascinado por el anciano, formando ambos una entrañable pareja.

El libro está lleno de metáforas, de pensamientos filosóficos y de apuntes culturales; a veces roza el absurdo, y tiene momentos surrealistas y de una ingenuidad que te hace sonreír.

El mejor consejo para leerlo es dejar el sentido común afuera, abrir la mente y disfrutar.





jueves, 22 de enero de 2015

La autodisciplina del escritor


Una de las primeras cosas que digo y repito hasta la saciedad en mis talleres de escritura es que si queremos ser escritores tenemos que ser disciplinados e imponernos un tiempo de trabajo diario que acabe convirtiéndose no solo en una rutina, sino en un hábito del que no podamos prescindir.
Para ello necesitamos marcarnos un horario y cumplirlo a rajatabla.

Supongo que la mayoría de vosotros estará de acuerdo con esta afirmación. Es lógica y razonable, además de muy bonita, en teoría...

Pero (tenía que haber un "pero") resulta que el escritor normalmente es su propio jefe, no hay nadie que lo vigile ni le diga lo que debe de hacer, que controle sus horarios o le dé un "toque" si no cumple con el trabajo. Por lo que a veces es necesaria una férrea voluntad para aislarse del mundo y sentarse ante el teclado durante horas.

Yo, cuando no cumplo con esa obligación que me he autoimpuesto me siento culpable y disgustada
conmigo misma. Tengo la sensación de que un día sin escribir es un día perdido... Aun así, debo confesar que llevo meses sin escribir.

Empecé a escribir una nueva novela a principios de verano, y en algún momento decidí darme vacaciones porque se me hacía muy cuesta arriba encerrarme a escribir con el calor, la luz del sol y la vida que bullía afuera. Después me fui de vacaciones unos días, y a mi regreso no sé qué pasó. El caso es que no he retomado la novela.

No es un problema de bloqueo, la tengo completa y clara en mi cabeza. Pero un día tras otro he encontrado alguna excusa, he estado ocupada en otras cosas, se han producido distintos acontecimientos, además de dominarme un cierto desencanto por las dificultades con las que nos encontramos para publicar. En algún momento me he llegado a preguntar si merecía la pena seguir escribiendo, a pesar de que es lo que más me llena, y  que al no hacerlo, me siento mal.

Y ahora me confieso porque siento que ha llegado el momento de volver, de meterme de lleno en la historia y convivir con mis personajes por una larga temporada. Lo que estoy segura que me llenará de satisfacción.

Siempre lo he dicho: la vida del escritor es dura. Y no solo por el esfuerzo que requiere escribir una novela sin apenas compensación (material) a cambio, sino también por momentos terribles como este, cuando se siente el vacío, la falta de energía para seguir adelante.

miércoles, 14 de enero de 2015

Hábitos de lectura

Con el inicio del año se suceden las estadísticas de todo tipo, y entre ellas se cuentan también las de los hábitos lectores de los españoles.

No hay nada nuevo bajo el sol:
1- España sigue siendo uno de los países en los que menos se lee (a pesar de ser en el que más se piratean los libros).
2- Leen más las mujeres que los hombres.
3- Y en contra de lo esperado, sigue predominando el gusto por el libro impreso por encima (y a mucha distancia) del libro digital.

Será cierto que los españoles nos resistimos a los cambios y siempre vamos con unos años de retraso en todos los terrenos.

Quizá los más jóvenes discrepen, pero la realidad de las estadísticas muestra que  la gran mayoría de lectores sigue prefiriendo coger un libro, pasar sus páginas y guardarlo en una estantería, aunque ya no le quede sitio.
Yo misma sigo prefiriendo un libro impreso, aunque tampoco le hago ascos a las ventajas económicas y la comodidad que supone en ocasiones un libro digital.

En mi experiencia personal como escritora puedo afirmar que mis lectores y lectoras prefieren con mucho el libro en papel. Si publico un ebook en Amazon muchos me preguntan  que cuándo lo sacaré en papel y me dicen que prefieren esperar. A los lectores, además, les gusta asistir a las presentaciones y llevarse el libro firmado, y a mí también me encantan esos actos y la relación directa que se establece con el lector.

Y en este punto aprovecho para recordar que en Amazon también se pueden comprar libros impresos y se reciben en el domicilio en dos o tres días,  con un precio casi siempre inferior al de las librerías convencionales ;)

Así que creo que hoy por hoy, el libro impreso no va a desaparecer, como auguraban algun@s cuando se inició el boom del ebook. En todo caso, si tiene mala salud en estos momentos no es achacable al ebook, sino a otros factores sobradamente conocidos por todos.

Como quiera que sea, en papel, en ebook o en papiro, leed y disfrutad.

¡Hasta la próxima semana!


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