lunes, 2 de marzo de 2015

Del escribir...

Marguerite Duras

Os dejo algunos pensamientos de grandes escritores, que siempre gustan y motivan :)


Solo hay dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. (O. Wilde)

La escritura no es magia, sino perseverancia (Patterson)

Escribir es un acto de superviviencia (Paul Auster)

No es que escribir me produzca un gran placer, pero es mucho peor si no lo hago (Paul Auster)

Escribir era lo único que llenaba mi vida, la escritura nunca me ha abandonado (Marguerite Duras)

Escribir es vivirse, conocerse, ser arqueólogo de uno mismo. Escarbar, y si se escarba hay de todo
Jose Luis Sanpedro
dentro de nosotros: el criminal, el héroe, el cobarde...
(J. L. Sanpedro)

Si escribir es tan difícil y frustrante para mí ¿por qué sigo haciéndolo? La respuesta es que no sé parar, si pudiera dejar de escribir lo haría (Philip Roth)

Escribir lo que no se ha vivido, lo que se habría querido vivir, es una manera (tímida y cobarde) de vivirlo (Mario Vargas Llosa)

La primera persona en la que deberías pensar en complacer al escribir es a ti mismo (Patricia Highsmith)

Escribir es un psicoanálisis baratísimo (Carmen Posadas)



¡Feliz semana!

jueves, 19 de febrero de 2015

Algo sobre mí

La semana pasada mi colega y amigo Francisco Gijón me invitó a su blog para que contara algo sobre mí y mis vicisitudes literarias. Este fue el resultado:

            "Siempre me gustó inventar historias. De pequeña los mayores me miraban raro porque hablaba sola, pero en realidad lo que hacía era dar voz a mis muñecas, que vivían las mil aventuras que creaba mi imaginación.  El siguiente paso fue poner a mis amigas a representar los cuentos que yo inventaba sobre la marcha y en los que, por supuesto, yo era siempre la protagonista. Eso me llevó a convertirme en actriz, y durante algunos años (bastantes) las luces de candilejas me deslumbraron y el mundo literario pasó a un segundo plano, aunque jamás lo abandoné. No recuerdo ningún periodo de mi vida sin algún rato diario de intimidad con un libro, ni tampoco sin buscar refugio en la escritura, aunque fuera de forma esporádica, pero nunca sin un cuaderno y un libro cerca de mí. En aquella época solía decir que cuando fuese vieja y me hubiese hartado del mundo de la farándula, me retiraría a una casa en la playa, viviría rodeada de perros y gatos y me dedicaría a escribir.

Francisco Gijón
No tuve que esperar tanto (bueno, todavía queda pendiente la casa en la playa).  En algún momento comprendí que me gustaba más escribir historias que representar lo que habían escrito otros, y sin apenas darme cuenta, me vi irremisiblemente inmersa en la creación literaria. Escribí mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú, y todo fue sobre ruedas; enseguida me aceptó una agencia literaria, después una editorial; la novela se publicó y se vendió bien, sobre todo en ebook, convirtiéndose en un bestseller en el año 2012. Al mismo tiempo la crisis me alcanzó y me quedé sin trabajo, por lo que, lo quisiera o no (aunque más bien sí), me convertí en escritora a tiempo completo.

Solo han pasado cinco años desde entonces y me parece una eternidad por lo rápido que ha ido todo y lo que ha cambiado mi vida. Ya son cinco los libros que tengo publicados: Nunca fuimos a Katmandú, Habana Jazz Club, Gatos por los tejados, Nepal cerca de las estrellas y Aburrilandia, el país sin libros. Todos ellos están disponibles en Amazon en ebook y papel. 
Además, Amazon, me está traduciendo Habana Jazz Club al inglés y al alemán. Y mientras escribo una nueva novela, intento encontrar editorial  para otra que ya está lista para su publicación.

Todo esto sería muy bonito si no fuera porque, lamentablemente, no puedo vivir de mi trabajo, como la mayoría de la gente vive del suyo, que sería lo lógico y deseable. Parece que los escritores debemos pagar una especie de peaje por dedicarnos a lo que más nos apasiona, como si fuera un lujo que no tenemos derecho a permitirnos.
Espero que esto cambie algún día y que ustedes lo vean. Y yo también."

No dejéis de visitar El rincón de Francisco Gijón, es muy interesante :)

martes, 10 de febrero de 2015

Efemérides: Boris Pasternak, autor de Doctor Zhivago

Anoche me acosté a las tantas por culpa de la tele. Nunca hay nada que valga la pena ver, pero de vez en cuando, a las "mil y monas", van y programan una buena película. De alguna manera hay que llenar los espacios nocturnos, supongo...

Ayer la película que me enganchó fue Doctor Zhivago. La he visto muchas veces, tantas que ya ni me hace llorar; pero me sigue pareciendo una película grandiosa. Para mí, una de las mejores de la historia del cine, o cuando menos, una de mis favoritas.

Pero esta magnífica película nunca habría existido de no ser por la novela homónima escrita por Borís Pasternak, autor ruso galardonado con el Premio Nobel en 1958, precisamente tras la publicación de Doctor Zhivago.

No sé si es pura coincidencia o es que en televisión también hay seres pensantes, pero se da la circunstancia de que Pasternak vino al mundo en Moscú tal día como hoy, 10 de febrero, en 1890, por lo que hoy se cumplen 125 años de su nacimiento. Tal vez "alguien" tuvo la idea de rendirle un pequeño homenaje. Lástima que fuera a horas tan intempestivas.

Pasternak era hijo de un famoso pintor y una célebre concertista de piano, por lo que creció en un ambiente culto y cosmopolita; Tolstoi y Rilke eran asiduos visitantes de su casa. También destacó como poeta y publicó varios poemarios; sin embargo, siempre será recordado y conocido por el gran público como el autor de Doctor Zhivago.

Esta obra, no obstante, contenía algunas reflexiones críticas que no gustaron  al Gobierno de la Unión Soviética, y Pasternak fue perseguido de por vida hasta el punto  de verse obligado a rechazar el Premio Nobel para poder seguir viviendo en su país. La novela no fue publicada en Rusia hasta 1988.

En fin. Celebremos que Boris Pasternak existió y nos dejó una obra tan maravillosa como Doctor Zhivago. 
 
 

viernes, 30 de enero de 2015

Kafka en la orilla, de Haruki Murakami


En ocasiones he comentado que no acababa de gustarme Murakami, dicho sea con todos los respectos y el reconocimiento hacia un autor de su talla. Pero como para gustos son los colores, puedo opinar y opino: nunca me he sentido identificada con sus personajes ni me han llegado a atrapar sus historias.

Ahora, sin embargo, después de haber leído Kafka en la orilla, tengo que retractarme y decir que me ha encantado. Me ha parecido una historia llena de magia, ternura y originalidad.

En la novela se desarrollan dos historias paralelas que acabarán confluyendo en un punto común: la de Kafka Tamura, un chico de 15 años que se escapa de su casa, y la de Nakata, un hombre con retraso mental a causa de un extraño accidente sufrido en la infancia, pero con otras capacidades muy especiales, como la de hablar con los gatos y la de hacer ciertas predicciones.
Haruki Murakami

Tamura vivirá una especie de viaje iniciático que lo llevará a refugiarse en una curiosa biblioteca, al sur del país, donde conocerá a Oshima (que no es ni hombre ni mujer), y a la señora Saeki, de la que se enamorará.

Nakata, por su parte, emprende el mismo camino empujado por el deseo de cumplir una misión que él mismo desconoce, y recibirá la inestimable ayuda de Hoshino, un joven camionero que no entiende nada pero que se siente fascinado por el anciano, formando ambos una entrañable pareja.

El libro está lleno de metáforas, de pensamientos filosóficos y de apuntes culturales; a veces roza el absurdo, y tiene momentos surrealistas y de una ingenuidad que te hace sonreír.

El mejor consejo para leerlo es dejar el sentido común afuera, abrir la mente y disfrutar.





jueves, 22 de enero de 2015

La autodisciplina del escritor


Una de las primeras cosas que digo y repito hasta la saciedad en mis talleres de escritura es que si queremos ser escritores tenemos que ser disciplinados e imponernos un tiempo de trabajo diario que acabe convirtiéndose no solo en una rutina, sino en un hábito del que no podamos prescindir.
Para ello necesitamos marcarnos un horario y cumplirlo a rajatabla.

Supongo que la mayoría de vosotros estará de acuerdo con esta afirmación. Es lógica y razonable, además de muy bonita, en teoría...

Pero (tenía que haber un "pero") resulta que el escritor normalmente es su propio jefe, no hay nadie que lo vigile ni le diga lo que debe de hacer, que controle sus horarios o le dé un "toque" si no cumple con el trabajo. Por lo que a veces es necesaria una férrea voluntad para aislarse del mundo y sentarse ante el teclado durante horas.

Yo, cuando no cumplo con esa obligación que me he autoimpuesto me siento culpable y disgustada
conmigo misma. Tengo la sensación de que un día sin escribir es un día perdido... Aun así, debo confesar que llevo meses sin escribir.

Empecé a escribir una nueva novela a principios de verano, y en algún momento decidí darme vacaciones porque se me hacía muy cuesta arriba encerrarme a escribir con el calor, la luz del sol y la vida que bullía afuera. Después me fui de vacaciones unos días, y a mi regreso no sé qué pasó. El caso es que no he retomado la novela.

No es un problema de bloqueo, la tengo completa y clara en mi cabeza. Pero un día tras otro he encontrado alguna excusa, he estado ocupada en otras cosas, se han producido distintos acontecimientos, además de dominarme un cierto desencanto por las dificultades con las que nos encontramos para publicar. En algún momento me he llegado a preguntar si merecía la pena seguir escribiendo, a pesar de que es lo que más me llena, y  que al no hacerlo, me siento mal.

Y ahora me confieso porque siento que ha llegado el momento de volver, de meterme de lleno en la historia y convivir con mis personajes por una larga temporada. Lo que estoy segura que me llenará de satisfacción.

Siempre lo he dicho: la vida del escritor es dura. Y no solo por el esfuerzo que requiere escribir una novela sin apenas compensación (material) a cambio, sino también por momentos terribles como este, cuando se siente el vacío, la falta de energía para seguir adelante.

miércoles, 14 de enero de 2015

Hábitos de lectura

Con el inicio del año se suceden las estadísticas de todo tipo, y entre ellas se cuentan también las de los hábitos lectores de los españoles.

No hay nada nuevo bajo el sol:
1- España sigue siendo uno de los países en los que menos se lee (a pesar de ser en el que más se piratean los libros).
2- Leen más las mujeres que los hombres.
3- Y en contra de lo esperado, sigue predominando el gusto por el libro impreso por encima (y a mucha distancia) del libro digital.

Será cierto que los españoles nos resistimos a los cambios y siempre vamos con unos años de retraso en todos los terrenos.

Quizá los más jóvenes discrepen, pero la realidad de las estadísticas muestra que  la gran mayoría de lectores sigue prefiriendo coger un libro, pasar sus páginas y guardarlo en una estantería, aunque ya no le quede sitio.
Yo misma sigo prefiriendo un libro impreso, aunque tampoco le hago ascos a las ventajas económicas y la comodidad que supone en ocasiones un libro digital.

En mi experiencia personal como escritora puedo afirmar que mis lectores y lectoras prefieren con mucho el libro en papel. Si publico un ebook en Amazon muchos me preguntan  que cuándo lo sacaré en papel y me dicen que prefieren esperar. A los lectores, además, les gusta asistir a las presentaciones y llevarse el libro firmado, y a mí también me encantan esos actos y la relación directa que se establece con el lector.

Y en este punto aprovecho para recordar que en Amazon también se pueden comprar libros impresos y se reciben en el domicilio en dos o tres días,  con un precio casi siempre inferior al de las librerías convencionales ;)

Así que creo que hoy por hoy, el libro impreso no va a desaparecer, como auguraban algun@s cuando se inició el boom del ebook. En todo caso, si tiene mala salud en estos momentos no es achacable al ebook, sino a otros factores sobradamente conocidos por todos.

Como quiera que sea, en papel, en ebook o en papiro, leed y disfrutad.

¡Hasta la próxima semana!


viernes, 2 de enero de 2015

365 oportunidades para disfrutar de la vida

Cuando un año acaba regular (en mi caso por algún problemilla de salud), tienes la sensación de que todo el año ha sido malo. Una percepción que no sería exacta ni justa por mi parte.Y para convencerme de ello, quiero darle un pequeño repaso al 2014 antes de entregarme en cuerpo y alma a este 2015 del que me gusta hasta el número y que me ofrece 365 oportunidades para ser feliz, o cuando menos, para seguir disfrutando de la vida.

Veamos: El 2014 ha tenido para mí dos cosas malas: la pérdida de mi entrañable y precioso gato Jimmy en el mes de agosto y el problema que afecta a mis ojos y que está en vías de solución (espero).


Todo lo demás ha sido bueno: publiqué un nuevo libro, Nepal, cerca de las estrellas; pasé unas vacaciones estupendas en Malta; mi hijo se ha estabilizado en su trabajo y en su vida personal (si lee esto dirá que por qué ando yo hablando de él pero es que también es parte de mi vida); y he intentado disfrutar cada día de las pequeñas cosas cotidianas.

No tengo PROPÓSITOS que cumplir en el 2015 porque ya voy al gimnasio, no fumo y llevo una vida más o menos sana. En todo caso, mis propósitos serían los mismos de hace años y trato de cumplirlos de una forma continuada para ayudar así a que se cumplan mis DESEOS, que no son otros que seguir escribiendo, publicar un nuevo libro, hacer otro viaje estupendo y que mi gente esté bien.



Pienso levantarme cada día con una sonrisa y cantando aquella canción de Serrat que decía "hoy puede ser un gran día, date una oportunidad". Os dejo el vídeo y os recomiendo prestarle atención a la letra porque no tiene desperdicio.


Feliz año a todos y que se cumplan vuestros deseos.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Mi Top de libros 2014


No soy una "devoradora de libros", ni pretendo ganar la carrera de quién lee más libros al año. Lo que sí se me hace imprescindible es tener siempre alguno entre manos, sentirme acompañada por él, estar envuelta en una historia, rodeada de unos personajes.

Suelo leer por la noche, en la cama, hasta que el sueño me vence. No acostumbro a leer fuera de casa (salvo en un parque o una biblioteca) porque me gusta poder concentrarme en la lectura por completo, saborear cada palabra, recrearme en la construcción de cada frase, releer un párrafo que me ha impresionado especialmente. Por eso no soy rápida leyendo ni lo pretendo.

Mi media es de 24 libros al año, más o menos. Este año han sido 23, creo. Y aunque la mayoría de ellos están comentados en el apartado "Lecturas 2014" del blog (bajando a la derecha), destacaré los cinco que más me han gustado de este año:





1. Todo el amor y casi toda la muerte, de Fernando Marías.
2. La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker
3. Un gato callejero llamado Bob, de James Bowen
4. La escriba, de Antonio Garrido
5. El asesinato de Pitágoras, de Marcos Chicot





En el apartado correspondiente del blog podéis averiguar los motivos de esta selección. Lo que no significa que los demás no me hayan gustado, sino que estos son los que, en un repaso rápido, me han dejado mejor sabor de boca.

Para el 2015 tengo ya en cartera unos cuántos que me hacen mucha ilusión, pero se admiten sugerencias :)

¡Feliz Navidad y felices lecturas!



jueves, 18 de diciembre de 2014

Los libros que debes leer si quieres ser un intelectual (o eso dicen...)


Hay algunos libros que parecen de obligada lectura si pretendes ser medianamente culto; que son considerados tan buenos, que muchos lectores entendidos te mirarán con desprecio o conmiseración si osas decir que no te han gustado. Son parte del canon literario, joyas de la intelectualidad.

Lo curioso es que esa lista suele coincidir con frecuencia con aquellas obras que algunos lectores (valientes) confiesan no haber sido capaces de terminar...

¿Cuál es el criterio para ensalzar un libro hasta convertirlo en imprescindible? ¿Para que pase de generación en generación, siga siendo leído por esforzados lectores y parezca sacrílego no valorarlo de forma positiva y venerarlo de por vida?

Como escritora, me siento en la obligación de conocer esos textos mitificados para aprender de ellos y sus autores, o cuando menos, para poder opinar con conocimiento de causa. Además, no soy capaz de dejarlos a medias, tengo que llegar hasta el final y  tratar de comprender dónde está ese valor que mi mente obtusa es incapaz de captar...

El primero que me viene a la cabeza es el mismo que os viene a todos: Ulyses, de James Joyce. Lo terminé, con esfuerzo, pero lo terminé. Y lo que más admiro de esta obra es la capacidad de su autor para haberla convertido en un mito.

Otro libro que no me interesó demasiado fue El guardián entre el centeno, de Salinger. Ni tampoco me entusiasmó Rayuela, de Cortazar. Me gustan más sus relatos.

Y recientemente he leído El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers, que me ha parecido deprimente.


Entre los autores idolatrados, no puedo con Murakami. Lo siento. No consigo entrar en sus novelas, no me identifico con sus personajes, me introduce en un mundo que no me dice nada. Lo que más me ha gustado de él ha sido De qué hablo cuando hablo de correr, precisamente porque no es una novela, sino que habla de sí mismo, de autosuperación y de literatura.


También hay que decir que otros imprescindibles sí me han gustado. Y los que nunca me decepcionan son los clásicos. Pero este ya sería tema para otro post.






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