sábado, 12 de abril de 2014

En abril, alegrías mil

El mes de abril es muy especial tanto para los escritores como para los lectores. Llega Sant Jordi con sus rosas y sus libros, o lo que es lo mismo: el Dia del Libro, para el resto del mundo mundial. Todos lo disfrutaremos encantados  de pasear entre libros y rosas, y los escritores, tendremos oportunidad de firmar nuestras obras y de tener ese contacto directo con los lectores que tanto nos gusta. De un modo  o de otro, una gran fiesta para la literatura, y eso es lo que importa.

Para mí, este año coincide, además, con la publicación de un nuevo libro: Nepal, cerca de las estrellas, que como ya sabéis, es la crónica de mi estancia en Nepal, hace ahora justo un año.

Será éste mi cuarto libro publicado (bueno, el quinto, si contamos mi novela erótica firmada con pseudónimo, jeje). Ayer mismo mi editora, Amalia Sanchís, de Parnass Ediciones, me entregó mis ejemplares y estoy encantada, ha quedado muy bonito y espero que pronto esté en las librerías de toda España y que todos podáis disfrutarlo.



Si estáis en Barcelona el día de Sant Jordi, estaré firmando en Parnass Edicones (Rbla Catalunya 26) de 12 a 14h y de 18h en adelante.

Y de 15 a 16h podéis encontrarme en la Plaza Joanic, en la mesa de la librería Espai Literari.










Y bueno, Nepal, cerca de las estrellas empieza su recorrido. Espero que sea tan exitoso y feliz como el de sus hermanos mayores.

Feliz semana!

jueves, 3 de abril de 2014

Oscar Wilde, el lado oscuro



Hace un par de días asistí, en el Ateneu Barcelonés, a la representación de un monólogo basado en La balada de la cárcel de Reading, de Oscar Wilde, su última obra, muy distinta a las demás y, probablemente, la menos conocida.


Me hizo reflexionar sobre la figura de este escritor y la imagen tan alegre y festiva que tenemos de él; siempre elegante, descarado, hedonista. Todos admiramos y hemos repetido en alguna ocasión muchas de sus ingeniosas frases. Pero pocos conocen (o recuerdan) su triste final, su muerte prematura en París, a los cuarenta y seis años, arruinado y solo.


Víctima de la intolerancia victoriana y en pleno apogeo de su fama, al mismo tiempo en que se representaba con gran éxito su obra, La importancia de llamarse Ernesto, fue denunciado por el padre de un amigo,con el que éste sospechaba que mantenía una relación, detenido y juzgado por conducta indecente y sodomía y condenado a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading.

Allí escribió De Profundis, una larga y oscura carta en la que hacía una profunda reflexión y hablaba de sus sentimientos, de su decepción con respecto a quienes creía sus amigos,  y de cómo le habían afectado los juicios a los que fue sometido.
Fernando Cánovas en plena representación




Tras ser liberado, hundido moralmente y abandonado por todos, partió a Francia donde escribió La balada de la cárcel de Reading, en la que contaba su dura experiencia en prisión. Y murió poco después en la más absoluta indigencia.




Un triste final para un escritor tan brillante que solo quiso vivir en consonancia con sus ideas,  demasiado avanzadas para la época y el país en que le tocó vivir.

Hoy día seguramente sería una celebridad que llenaría programas de televisión y páginas de papel couché, y además podría casarse con quien le diese la gana.

¡Hasta la próxima semana!





miércoles, 26 de marzo de 2014

¡Empieza la aventura!

Empezar una novela es como emprender un viaje: sabes qué lugares quieres visitar, tienes un mapa, un itinerario, pero no sabes muy bien con lo que te vas a encontrar en el camino ni en qué medida los acontecimientos imprevistos pueden cambiar tu rumbo o sorprenderte con un final distinto al que tenías pensado.

Pero de lo que no cabe duda es de que la emoción te embarga, te levantas cada día con la ilusión de un niño, dejas atrás tu mundo, la rutina habitual, y te abres a esos nuevos amigos a los que irás conociendo poco a poco, que te irán embaucando hasta absorberte por completo. Sabes que se inmiscuirán en tu vida, que no te darán tregua, que querrán ser siempre tu prioridad y te convertirán en su esclav@ durante mucho tiempo, no sabes cuánto, pero no te importa. Te sientes feliz, te sientes viv@.

Me sorprendo al comprobar que hacía demasiado tiempo que no sentía estas emociones: ¡ocho meses! Quería escribir,  necesitaba escribir, pero dudada qué rumbo tomar, tenía miedo y buscaba excusas... Nunca me había ocurrido antes.

Escribí mi primera novela alegremente, con la osadía que da la ignorancia, el no saber  dónde te estás metiendo, y salió bien. Con la segunda había ganado seguridad, autoconfianza. En la tercera me sentía ya una "profesional". Y de pronto llegó el pánico, la inseguridad, las dudas. El miedo a defraudar, a no cubrir las expectativas  propias o ajenas, a dedicar una cantidad ingente de horas a una tarea que quizás no tuviera ningún valor, que no interesara a nadie. Supongo que a eso se le podría llamar sentido de la responsabilidad.

Pero al final me subí al tren y se puso en marcha.  La aventura ha comenzado, una historia empieza a tomar forma, las ideas fluyen y ocupan mi mente a tiempo completo, ya no puedo parar. Y eso está muy bien y me hace muy feliz :)






miércoles, 19 de marzo de 2014

Desvaríos literarios (o neuras de una escritora)

Lo peor que le puede pasar a un escritor no es enfrentarse a la página en blanco. La imaginación, como todo, "hace músculo" con el ejercicio cotidiano y las ideas fluyen con facilidad. El problema es con cuál de esas ideas quedarse. Decidir cuál de ellas merece convertirse en una novela.

Lo peor que le puede pasar a un escritor es  querer y no poder escribir. ¿Qué se lo impide? Me diréis. Si quieres escribir, escribe. Pero no es tan sencillo. El escritor quiere escribir, lo necesita como el aire que respira, pero no quiere, no puede escribir cualquier cosa. Tiene que surgir una idea que le atrape, que le motive a zambullirse en ella y dejar que ocupe su mente las veinticuatro horas del día, que le invite a tirar de ese hilo de Ariadna invisible y adentrarse en un laberinto en el que no faltarán los obstáculos, las tentaciones de abandono, quizás el desánimo, hasta encontrar la salida, el desenlace final.


Eso supone convivir con la historia y con sus personajes durante muchas horas diarias, meses, tal vez años, si queremos que el lector también se sienta atrapado cuando la lea, que la viva y se emocione como lo hicimos nosotros al escribirla.

Algun@s me diréis que la cosa no es tan dramática, que escribir no es tan complicado. Bien por vosotr@s. A lo mejor incluso tenéis éxito sin pasar por "el placer y el dolor", como decía un célebre escritor, de gestar y parir una novela.

Anaïs Nin y Henry Miller


Pero en mi caso es así. Me he pasado meses dándole vueltas a dos ideas sin que ninguna me atrapara del todo, empezando historias y abandonándolas porque no me apetecía seguir, sufriendo por no encontrar ese hilo del que tirar y que me arrastrara dentro del laberinto.

La agonía ha terminado. Una de esas ideas se ha impuesto, ha empezado a crecer, a madurar en mi mente, y me está pidiendo salir, materializarse en el papel y seguir desarrollándose hasta convertirse en una novela.

¡Vamos a ello!

miércoles, 12 de marzo de 2014

Nepal, cerca de las estrellas


Como sabéis los habituales de este blog, el año pasado por estas fechas mi hijo Álvaro y yo estábamos en Nepal trabajando como voluntarios en una escuela, la Kanasugi English Boarding School.

Fueron dos meses muy intensos en los que vivimos completamente inmersos en una cultura diferente  y que nos aportaron vivencias únicas, experiencias, anécdotas y sensaciones inolvidables, de todo lo cual, iba tomando nota a diario para no olvidar ni un detalle y plasmarlo en un libro cuando volviera a casa.

Ese libro ya es una realidad, en estos momentos está "en el horno" y verá la luz, bajo el sello de Parnass Ediciones, para Sant Jordi, o lo que es lo mismo: el Día del Libro (23 de abril).

Llevará por título Nepal, cerca de las estrellas, y cuando lo
leáis entenderéis el por qué.

Como podéis imaginar, es un libro muy especial para mí, muy personal, tanto  que hasta me ha dado cierto pudor escribirlo porque no he podido escudarme detrás de personajes de ficción; nosotros, mi hijo y yo misma, somos los protagonistas, y son mis vivencias, mis pensamientos y mis sentimientos los que se exponen en él.


Además, tiene el valor añadido de que es un libro solidario: parte de los ingresos que se recauden por su venta irán destinados a la escuela, que está en una situación muy precaria.

Ya no puedo decir que "Nunca fuimos a Katmandú" :)
¡Las vueltas que da la vida!

miércoles, 5 de marzo de 2014

Lecciones del maestro al joven escritor

El primer capítulo es esencial. Si a los lectores no les gusta no leerán el resto del libro.

Todo el mundo sabe escribir, pero no todo el mundo es escritor.

Los escritores somos frágiles porque conocemos dos clases de penas: las del amor y las del libro. Escribir es como amar: puede ser muy doloroso.

Uno se convierte en escritor no renunciando nunca.

Escribir un libro es librar una batalla.

El privilegio del escritor es que puede ajustar cuentas con sus semejantes a través de sus libros.

La enfermedad del escritor es querer dejar de escribir para siempre y no poder hacerlo.

Los escritores que se pasan la noche escribiendo, bebiendo y fumando son un mito. Hay que ser disciplinado, cumplir horarios, conservar el ritmo y ser tenaz.

Una idea hay que dejarla madurar, impedir que salga, permitirle crecer en nuestro interior. 

Las palabras no tienen importancia, son de todos. Un escritor se define por el sentido particular que es capaz de darles.

Ser escritor significa  transmitir emociones y conmover, aunque no se hayan vivido.

Escribe para ser escuchado, no para ser leído.

¿Cómo saber cuándo un libro está terminado? Los libros son como la vida, nunca se terminan del todo.


Estos son algunos de los consejos que da el prestigioso escritor y catedrático Harry Quebert a su joven alumno, Marcus Goldman, en  La verdad sobre el caso Harry Quebert,  un thriller en el que nada es lo que parece y que inicia cada capítulo con un apunte meta-literario.

Debo decir que es una novela "adictiva", aunque  no os guste el género negro  o el suspense, como es mi caso. Los saltos en la trama y las continuas sorpresas no os permitirán soltar el libro hasta el final. Entretenido y muy ameno.







domingo, 23 de febrero de 2014

"Trucos" para atraer a las musas

La mayoría de escritores tienen ciertos "trucos" o rituales que les ayudan a ponerse en la disposición de ánimo necesaria para emprender su tarea:

Martin Amis tiene alquilado un despacho cerca de su casa al que acude a diario para cumplir con su breve jornada de trabajo (dos o tres horas) y después ya se siente libre para hacer lo que se le antoje el resto del día.

Murakami se acuesta temprano y se levanta a las cuatro de la madrugada para ponerse a trabajar durante seis horas. Por la tarde corre, nada, lee o escucha música.

Günter Grass, que recientemente ha declarado que no escribiría más debido a su avanzada edad,  leía y escuchaba música para relajarse antes de ponerse a escribir.
A Patricia Highsmith no le gustaba sentirse "obligada" a trabajar, por lo que lo hacía en la cama, con un cenicero al lado,  cigarrillos y una botella de alcohol...

Hemingway también era madrugador, se levantaba al amanecer,  se paseaba por su despacho a grandes zancadas y escribía de pie.

Stephen King también es madrugador y metódico, y se dice que durante un tiempo escribió en una autocaravana aparcada a la puerta de su casa para tener privacidad.

Scott Fitzgerald empezaba por tomarse una copa para relajarse. Hasta que llegaba a un punto en que la bebida le impedía escribir...

Isabel Allende, como es bien sabido, empieza a escribir cada 8 de enero y se aísla del mundo durante el proceso.

A Truman Capote le gustaba escribir en habitaciones de hotel y tumbado en la cama.

Agatha Christie, sin embargo, lo único que necesitaba era una mesa y una máquina de escribir.

Como veis, la característica común, en la mayoría de los casos, es disponer de un lugar  de trabajo, imponerse un horario y mantener una disciplina, porque, queridos y queridas, no hay trucos que valgan ni musas revoloteando a nuestro alrededor. Muchos escritores trabajan ocho  horas diarias, como todo hijo de vecino.
Y es que, mitos aparte, escribir y conseguir buenos resultados no es más que trabajo, trabajo y trabajo. Como bien decía Picasso: "que la inspiración te pille trabajando".

Lo cierto es que crearnos y mantener unos hábitos nos predispone y nos ayuda a concentrarnos.

¡Hasta la próxima semana!


domingo, 16 de febrero de 2014

Primeras lecturas del año


Empecé el año en compañía de Fernando Marías y su novela Todo el amor y casi toda la muerte. Disfruté con la magnífica prosa de Marías y su estupenda historia que es un "dos en uno": un thriller y una historia de amor, dos historias de amor, en realidad; dos épocas distintas, principios del siglo XX y principios del XXI con el único punto de conexión de un caserón que se asoma al mar desde un acantilado. El mar es uno de los grandes protagonistas de esta novela llena de nostalgia, cierta tristeza y algo de suspense. Muy recomendable.


Seguí con El escritor caníbal, de Julio G. Castillo, otro thriller en
un tono muy distinto al anterior en el que el autor se ríe de su propia sombra y invita a los escritores a hacer lo propio, que buena falta nos hace.



Mi siguiente lectura fue Bajo los tilos, de María José Moreno. Un bestseller en Amazon  publicado recientemente en papel por Ediciones B. Otra historia de amor con cierto suspense, escrita con maestría que atrapa desde las primeras líneas.





Ashia, la niña somalí, de Neo Coslado, es una
historia dura, basada en una realidad que no queremos ver pero que sabemos que está ahí. Sin embargo el autor no se regodea en detalles escabrosos y nos ofrece un relato lleno de sensibilidad y ternura, desde la mirada inocente de la protagonista.

Los enlaces llevan a los comentarios, más extensos, que publiqué en Amazon en su momento.


Y como Nepal despertó en mí ciertas necesidades espirituales, me llevé de la biblioteca Las zonas oscuras de la mente, de Ramiro Calle. No pongo en duda la buena intención del autor, pero a nivel literario es francamente malo, tanto que no pude terminarlo. Alguien debería asesorarle, ya que el hecho de que se trate de una obra divulgativa no implica que su calidad literaria sea ínfima.



Terminamos con La verdad de las mentiras, de Vargas Llosa. Un libro que reune 25 ensayos sobre novelas famosas y algunas interesantes reflexiones sobre el hecho de escribir. Con este libro me ha pasado un poco como cuando estudiaba psicología: me identificaba con todos los síntomas de todas las enfermedades mentales. En este caso, me apetece leer todas las novelas que menciona :)


¡Hasta la próxima semana! ¡Sed felices!




sábado, 8 de febrero de 2014

¿Promoción o autobombo?


Hay quienes critican que los escritores independientes estemos siempre publicitándonos en las redes sociales, proclamando nuestros éxitos a los cuatro vientos por pequeños que sean: "mi novela reseñada en tal blog", "nº1 en cualquier categoría de Amazon", "una opinión de cinco estrellas", "foto de mi libro junto al de Perez Reverte en tal librería", etc, etc...

Tanta loa y autobombo fomenta la idea de que los escritores tenemos un ego que no nos cabe en el cuerpo, que nos creemos tal o cual cosa, que somos cansinos. Pero, amig@s, os aseguro que esa parte de nuestro "trabajo" es la más ingrata para nosotros. El  marketing correspondería a las editoriales (que tampoco lo hacen, en la mayoría de los casos). Lo que está claro es que lo que no se ve, no existe, y si no existe no se vende.


¿Cómo se consigue si no que un producto llegue al público? ¿Que sea valorado de manera positiva por los consumidores? Machacándonos a publicidad, querid@s. En la tele, en los periódicos y revistas, en los paneles de anuncios de las calles. Y al final lo adquirimos porque nos han convencido de que es bueno y lo necesitamos.

No se puede vender un libro diciendo: "anda, comprame, por favor, que no he vendido ni uno en tres meses...", ni, como leí una vez, atónita, en FB: "¡Comprad mi libro, coño!".


Para mí, la promoción, es parte de mi trabajo diario, aunque me sienta hastiada, aunque a veces me de hasta vergüenza y ya no sepa qué decir. Pero he comprobado que si no estás ahí cada día, te hundes irremisiblemente en el pozo sin
fondo de los libros invisibles, olvidados y jamás vendidos.

El trabajo del escritor es duro, venderse uno mismo lo es mucho más. Y no podéis imaginar la ilusión, la alegría que supone cuando  tus esfuerzos se ven recompensados. A algunos les resulta más fácil, a otros les cuesta un poco más, para muchos es un empeño inútil. Y no sabemos por qué, nadie tiene la fórmula del éxito, es todo un misterio que unos libros destaquen y otros no, aunque sean del mismo autor. Pero ese es un tema del que hablaremos  otro día.






¡Hasta la próxima semana!




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