martes, 12 de noviembre de 2019

Viaje a Argentina. Un sueño siempre postergado y por fin cumplido

En el Café Tortoni, Buenos Aires


Ni siquiera puedo recordar los años que llevaba deseando conocer la Argentina, muchos, pero siempre iba quedando para más adelante. Argentina está muy lejos, es un viaje duro, largo, caro por su lejanía, un país enorme con climatologías distintas a lo largo y ancho... Había que pensarlo bien, encontrar el momento, tener los medios para hacerlo.


Ushuaia
Y por fin surgió la oportunidad. Hace un año mi amiga Bibiana y yo decidimos liarnos la manta a la cabeza y lanzarnos a la aventura. Teníamos poco tiempo, ella, que es librera, solo disponía de dos semanas de vacaciones. Sabíamos que era poco tiempo para conocer un país tan vasto como ese, por lo que decidimos limitarnos a los cuatro puntos más representativos y que más nos ilusionaban: Buenos Aires, Ushuaia, el Calafate, Iguazú... Una locura...


En apenas dos semanas hemos volado en 9 aviones, hemos viajado de punta a punta del país, hemos estado un par de días a lo sumo en cada sitio sin tan siquiera deshacer la maleta, hemos madrugado a diario y caído en la cama rendidas cada noche después de caminar lo que no está escrito.

El tren del fin del mundo, Ushuaia

Pero lo que nos hemos llevado en la retina y en el corazón vale ese esfuerzo y mucho más.

El glaciar Perito Moreno, en el Calafate

Nos asomamos al fin del mundo en Ushuaia, recorrimos la Tierra del Fuego y navegamos por el canal  de Beagle. Nos emocionamos ante la visión del glaciar Perito Moreno hasta las lágrimas contemplando sus formas, sus tonalidades azules, su majestuosidad. Nos fuimos hasta Iguazú para extasiarnos ante las cataratas más impresionantes del mundo y recorrimos el parque nacional para contemplarlas desde todos los ángulos; la caída de toneladas de agua que se precipitan por la "garganta del diablo" con un estrépito ensordecedor es algo que no se puede explicar, hay que vivirlo; sentir las salpicaduras del agua en el rostro y empaparte por completo es fundirse con la naturaleza y cargarse de toda su energía. Dan ganas de gritar de felicidad.
Aquel mismo día, por la tarde, cruzamos a Brasil para contemplar las cataratas desde allí, que no resultan menos espectaculares.




Cataratas de Iguazú, Argentina
Nos quedaba Buenos Aires, ciudad mítica, grandiosa; nos dejamos las suelas de los zapatos caminándola toda; el Obelisco, el barrio de la Boca, la calle Corrientes, Florida, el café Tortoni frecuentado antaño por intelectuales y artistas no podía faltar en el recorrido de una escritora y una librera; tampoco la librería Ateneo que había sido un teatro y ahora es una espléndida librería donde residió por un tiempo mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú.

Cataratas de Iguazú, Brasil


Pero no nos pasó desapercibida la parte más dura de esta maravillosa ciudad: las crisis políticas y económicas que se han ido sucediendo han llenado las calles de personas sin hogar mientras otros, los más jóvenes, intentan vender lo que sea para subsistir día a día. Lamentable. Es una pena que un país tan hermoso, con tanto que ofrecer tenga que vivir esta situación. Sin embargo, los argentinos no pierden nunca su simpatía, ese especial encanto y ese afecto por nuestro país en el que todos tienen algún pariente.



Un banco dedicado a Mafalda, Buenos Aires



Los días pasaron volando y el viaje tocaba a su fin. Nos fuimos con ganas de volver y lo haremos algún día. Queda mucho por descubrir todavía y ojalá podamos hacerlo en un futuro con más calma. De ese segundo viaje nacerá probablemente un libro en el que pueda narrar mis vivencias con más detalle, porque Argentina su naturaleza exuberante y sus gentes se lo merecen.





miércoles, 9 de octubre de 2019

Editorial o autoedición. El eterno dilema de los escritores de hoy

 

A punto de terminar la revisión de mi libro de viajes, se me plantea el mismo dilema de siempre: ¿busco editorial o lo publico yo misma? Intento analizar los pros y los contras de hacerlo de una manera o de otra y no se acaban de disipar mis dudas.

Veamos, según mi experiencia personal publicar con editorial tiene la ventaja de que puedes estar en ferias del libro (quizás), puedes ver tus libros en las estanterías de las librerías (Mmm...), puedes presentar tu libro en una librería, y se supone que eres más fiable como escritor/a porque una editorial ha aceptado tu manuscrito, y si te autopublicas es porque nadie se ha fiado de tu valía... Aquí habría mucho que discutir, pero nos alargaríamos demasiado.




Los inconvenientes son que pierdes el control de tu obra por x años (mi primera novela estuvo
"secuestrada" siete años), y que, a no ser que hayas dado en la diana y creado un best seller, apenas verás un euro, porque a día de hoy muy pocas editoriales ofrecen un adelanto (¿lo hace alguna?). Además, las ventas en ebook se convierten en un misterio insondable. ¡Ah! Y desde que contactas con la editorial hasta que ves tu libro publicado puede pasar ¿un año, dos?


Veamos ahora la opción de la autopublicación: es inmediata, en cuanto tú lo decidas tu libro estará en el escaparate; tú pones el precio y cobras cada mes la parte que te corresponde; controlas todo el proceso incluidas las ventas diarias; tu libro no será retirado nunca.


Inconvenientes: las plataformas de publicación digital son pozos sin fondo y puedes hundirte hasta las orejas; no hay control de calidad, por lo que todo cabe y de ahí la falta de prestigio de la autopublicación; no estarás en las librerías convencionales ni en las ferias del libro.

Así las cosas, para mí lo ideal sería publicar con una editorial en papel y el ebook por mi cuenta. Pero ninguna editorial acepta estas condiciones. Por tanto creo que en el caso concreto de este libro de viajes optaré por la autoedición para que esté disponible en Navidad  y ya veremos lo que hago con mi próxima novela.

Pues eso, deseadme suerte.

jueves, 8 de agosto de 2019

Mis últimas lecturas


No tengo tiempo de comentar todos los libros que voy leyendo, pero dejaré unos pequeños apuntes de los que me han resultado más interesantes en los últimos meses.


Empezamos con El corazón de Ulises, de Javier Reverte, 
en el que el autor nos narra un viaje por Grecia, Turquía y Egipto. Tres países que yo también he visitado y me ha gustado recuperárlos a través de sus ojos y su pluma. Y me da la impresión de que el propio escritor disfrutó tanto al escribir el libro como yo al leerlo. 
Se nota su amor por Grecia y su cultura. Ha sido además una master class sobre mitología griega, la Odisea, de Homero y la figura de Ulises, y también un pequeño repaso a la Historia del Mundo a través de los distintos imperios que dominaron Europa, Asia y África.
Javier Reverte sabe combinar la anécdota, el humor y la cultura en una lectura amena y muy interesante.




La mujer del camarote 10, de Ruth Ware. 
Yo no soy muy de thriller, lo he comentado en alguna ocasión, pero leí este libro porque me lo recomendó una amiga y me enganchó en las primeras páginas. La protagonista, que ni siquiera cae demasiado bien, es una mujer un tanto neurótica que está pasando un mal momento. La invitan a un crucero de lujo y lo primero que hace es ser testigo de un asesinato. Nadie la cree, no hay cadáver y no falta ninguno de los pasajeros, por lo que su insistencia la meterá en más de un problema.
La forma de narrar de la autora te mantiene siempre en vilo y la lectura se hace muy ágil y amena.





El far (El faro), de María Carme Roca. Novela ganadora del Premio Prudenci Bertrana 2018. Secretos de familia, odios enquistados, amores frustrados, con el escenario de fondo del faro de la isla de Buda, en el Delta del Ebre (Tarragona), el más alto del mundo en el momento de su construcción en 1864 y del que ya no queda nada, devorado por el mar y la guerra. Un lugar inhóspito y muy significativo en la vida de los personajes protagonistas. 
La originalidad de la narración está en las distintas voces  que cuentan la historia, cada una desde su punto de vista.


Y esto es todo por hoy. 
Si estos títulos no os convencen, siempre os quedarán los míos ;)


jueves, 4 de julio de 2019

Reflexiones de una escritora del siglo XXI


Muchos lectores me han comentado que ya estoy tardando en publicar un nuevo libro. Os tengo mal acostumbrados, je, je... Es cierto que desde que salió mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú, he ido sacando un título por año, y con la última hasta el momento, Tras las bambalinas ya van ocho. Quizá por eso ha llegado el momento de aflojar la marcha y reflexionar un poco.

Ya no siento ese ansia de publicar que me dominaba al principio, aunque sí de escribir; de hecho, tengo una novela terminada y estoy escribiendo un libro de viajes. Pero quiero meditar bien cuál va a ser mi siguiente paso.

Amazon ha sido muy útil para muchos autores noveles que han podido publicar y darse a conocer, y a algunos incluso les ha abierto las puertas a las grandes editoriales. Yo misma me he visto beneficiada por esa plataforma en la que mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú, fue número 1 en ventas en su momento, Habana Jazz Club fue traducida al inglés y al alemán con el sello editorial de Amazon y El caparazón de la tortuga quedó finalista en el Premio Literario de Amazon en 2015, todo ello, con la consiguiente repercusión tanto económica como de prestigio que supone.


Pero a día de hoy Amazon es un saco sin fondo en el que cabe todo y la consecuencia más inmediata es que no se valore como merece al escritor que se autopublica , porque en realidad no todos los merecen, seamos sinceros. Otra de las consecuencias es que, entre tanto título, es difícil destacar y llamar la atención del lector, a no ser que ya se tenga un público fiel, y aún así, todos sabemos que la fidelidad del lector es veleidosa...

Por todo lo dicho, Amazon ya no me parece la mejor opción para publicar mis libros.

Nos quedan entonces las pequeñas editoriales , dirigidas con ilusión por personas honestas, que nos aceptarán con más facilidad, pero que se enfrentan a serias limitaciones a la hora de promocionar y colocar nuestras obras en las principales librerías. Y por consiguiente, nuestro trabajo puede pasar desapercibido y, por supuesto, no reportarnos el menor beneficio económico.

Con todo lo cual, nos encontramos en el mismo punto en el que estábamos antes de la irrupción de la autopublicación y el ebook en el mundo literario: ¿cómo llegar a una gran editorial y labrarse una carrera sólida como escritora?

Y en esas estamos. De ahí que esté contemplando diferentes posibilidades y no me haya lanzando a publicar mi nueva novela, pero de una manera o de otra en 2020 estará en el mercado.

¡Hasta la próxima!

lunes, 17 de junio de 2019

¿Por qué son importantes las reseñas de los lectores?


Tiempo ha, leías un libro y como mucho lo podías comentarlo con tus amigos, pero difícilmente podrías acercarte al autor para darle tu opinión ni hacérsela llegar a más gente. Ahora, con Internet podemos compartir con todo el mundo lo que pensamos de un libro, de un restaurante, de un hotel... Lo que resulta muy útil para otros usuarios a la hora de adquirir un producto.


Cuando yo decido contratar cualquier tipo de servicio siempre reviso las opiniones de otros que lo han hecho antes. Me fío mucho más de lo que dicen las personas de a pie que de las propagandas siempre triunfalistas y llenas de elogios para sí mismos de los que venden dicho producto.



En alguna ocasión he rastreado los motivos por los que un lector se decide a comprar un libro y he
podido comprobar que muchos lo hacen por lo las opiniones que han dejado otros lectores.


Por eso es tan importante que cuando acabamos de leer un libro dejemos en la página que corresponda nuestras impresiones sobre él. Eso servirá para que otros lectores se animen a leerlo o lo descarten y también es muy útil para los autores.

Cuando publicamos un libro es como arrojar al mar un mensaje en una botella, no sabemos a qué manos llegará ni que impresión causará. Y ya que la tecnología pone a nuestra disposición esta posibilidad es interesante recibir ese feedback, sea positivo o negativo. En el primer caso porque escribir es un trabajo solitario y los escritores, como todos los creadores estamos llenos de inseguridades y de dudas y de vez en cuando necesitamos una palmadita en la espalda, que alguien nos diga si lo que hacemos está bien o mal. En el segundo caso, porque una crítica constructiva nos ayuda a mejorar, a corregir nuestros errores o, simplemente a tener otra visión de nuestra obra.



Me consta que desde hace algún tiempo Amazon no facilita que los lectores puedan opinar sobre sus lecturas (y si hablo de Amazon es porque se trata de la plataforma que mejor conozco),  aún así, os animo a que, si os es posible, dejéis vuestras reseñas porque es un gesto que ayuda mucho a lectores y escritores.

¡Felices lecturas!

viernes, 24 de mayo de 2019

Mis últimas lecturas



Los confines, de Andrés Trapiello. 
Sinopsis: Claudia, la joven protagonista de esta novela, nos cuenta la historia de un amor absoluto, el que ella y Max van a tener el coraje de vivir. El deseo les hará enteramente fuertes y enteramente libres. Ellos ni siquiera son conscientes de su audacia: la de aquellos que han decidido ir más allá del bien y del mal. Una novela radical y feliz que conmoverá y hará pensar a todos.

Una novela original y magníficamente escrita que, en otras manos, podría haber caído en el romanticismo más rancio y que sin embargo, Andrés Trapiello sabe tratar con maestría.










Tumbuctú, de Paul Auster. 
Sinopsis: Míster Bones, el perro protagonista de esta sorprendente novela es el compañero y confidente de Willy G. Christmas, un poeta vagabundo de Brooklyn. Willy presiente que su muerte está cercana, y antes de partir a ese otro mundo al que él llama Tumbuctú, quiere encontrar un nuevo hogar para su fiel amigo. Así, como si de Don Quijote y Sancho Panza se tratara, emprenden un viaje a Baltimore en busca de la profesora de literatura de Willy, a quien éste planea confiar a Míster Bones. A través de la voz de Míster Bones, entramos en la mente de estos dos inolvidables personajes, un hombre y un perro en búsqueda del amor y la amistad.

Me confieso fan incondicional de Paul Auster y creo que he leído la mayoría de sus obras. Tumbuctú no me ha decepcionado. Es una historia entrañable contada desde el punto de vista de un inteligente, a la vez que inocente perro, que demuestra que los animales son muchas veces mejores que las personas.




Contra el viento, de Ángeles Caso. 
Sinopsis: Sao nace en Cabo Verde, y su destino parece estar escrito, pero ella decide construirse una vida mejor en Europa. No le será fácil, sufrirá desengaños, racismo, menosprecio,  pero encontrará apoyo en una mujer española llena de, inseguridades y aprenderán la una de la otra. Una conmovedora historia de amistad entre dos mujeres que viven en mundos muy distintos.

Esta novela fue ganadora del premio Planeta 2009. Está narrada con la fluidez y la sensibilidad que son habituales en esta autora, gran defensora de los derechos de las mujeres, sin dejar por ello de denunciar con toda su crudeza los abusos de las que algunas son víctimas.










La sangre de los inocentes  de Julia Navarro. 
Sinopsis: "Soy espía y tengo miedo". Así empieza la crónica que escribe Fray Julián, notario de la Inquisición, cuando recibe la misión de relatar los enfrentamientos acaecidos en Montsegur (Francia) a mediados del siglo XIII.Las luchas de poder entre los cátaros y el control que, en nombre de la fe, lleva la Inquisición, propiciarán que la crónica del fraile sea un valioso tesoro a descubrir. Su última frase - "algún día, alguien vengará la sangre de los inocentes"- se convertirá en un enigma a descifrar de generación en generación.Siglos después, poco antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el conde d'Amis, descendiente de una de las grandes familias cátaras, recibirá como legado la crónica de Fray Julián.

En mi opinión, la novela empieza bien y resulta interesante, pero quiere abarcar demasiado (desde los cátaros hasta los más actuales atentados islamistas) y mezcla acontecimientos históricos que podrían dar para varias novelas que resultarían más digeribles  que un libraco de 1.000 páginas.


¡Felices lecturas!


jueves, 25 de abril de 2019

Crónica de Sant Jordi 2019


Este año no tenía un libro nuevo que presentar, así que no podía estar en primera línea como el año pasado (Rambla Catalunya) ya que hay que dar preferencia a las novedades. Pero siempre hay amigos que te invitan a compartir espacio y disfrutar de la fiesta con ellos.


Todos los años Sant Jordi despeja nubes y lluvias con el fuego de las fauces del dragón, pero en esta ocasión la mañana se presentaba algo fría y oscura y amenazaba lluvia. Sin embargo, no llovió y pude departir con lectores y dedicar todos los ejemplares que llevaba de TRAS LAS BAMBALINAS en el stad de la Associació Transformadors, en el  Paseo Sant Joan.

En el stad del Paseo Sant Joan




Por la tarde había salido el sol, estuve en la rambla del Poblenou, en el stad de la Associació Cultural Roc Boronat, compartiendo mesa y risas con mi buen amigo Sergio Dantí, que presentaba su novela Requiem para el tercer suicida. Por allí pasaron varios amigos y mi hijo Álvaro que tuvo el detalle de traerme una rosa.

Volví a quedarme sin ejemplares y regresé a casa agotada pero feliz como todos los años, tras vivir una jornada tan especial como es el Día del Libro, que en Catalunya coincide con San Jordi y a los libros se unen las rosas, en una bonita tradición que convierte la ciudad en una fiesta sin serlo, ya que es un día laborable. Pero todo el mundo encuentra un momento para disfrutar del espectáculo de las calles rebosantes de libros y rosas.

Con mi hijo y su chica




Este año, además, decidí ofrecer gratis todos mis libros en formato ebook en Amazon para compartir este día tan bonito con los lectores que están lejos, y hubo más de 300 descargas de todos ellos. El más descargado fue CON LA MUERTE EN LOS TACONES, lo que me hizo especial ilusión porque es una novela que ha pasado bastante desapercibida al haberse publicado muy poco tiempo antes de Tras las bambalinas, por lo que apenas tuvo recorrido y lo siento, porque a mí me gusta mucho y también a los que la han leído. Por lo que os animo a leerla en KindleUnlimited, en Amazon Prime o  pagando 2€ que tampoco es tanto, ¿no?




En la rambla del Poblenou






Y ahora, a volver al trabajo, que estoy con la última revisión de mi nuevo libro antes de pasárselo a mi lectora 0.

domingo, 24 de marzo de 2019

Kosmopolis Barcelona


Kosmopolis es un festival literario bienal que se celebra en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y durante cuatro días ofrece un amplio programa  de actividades, de la mañana a la noche, en el que caben coloquios con escritores de talla internacional y patrios, conferencias, talleres, cine, teatro, etc.

Este año tuve la oportunidad de asistir a la inauguración de la decimonovena edición, y de disfrutar de un interesante coloquio entre Enrique Vila-Matas y el escritor portugués Gonçalo Tavares.

Hablaron de muchas cosas, pero me llamó particularmente la atención una idea en la que ambos estaban de acuerdo: la obsesión de editores, escritores y probablemente lectores, de que al finalizar una novela queden cerrados todos los hilos argumentales, que todos los personajes que aparecen en ella tengan una razón de ser, que la novela tenga un final...

Argumentaban los dos escritores que con las novelas pretendemos ordenar y mejorar la realidad, ya que en el mundo real las historias no tienen un final preciso, muchos personajes aparecen y desaparecen de nuestra vida sin explicación alguna y muchos hilos quedan sin resolver.
Me pareció un punto de vista muy interesante.

Después del coloquio actuó el grupo británico Jocelyn Pook Ensemble. Fue todo un descubrimiento para mí: tres violines, un violoncelo, piano y unas voces impresionantes interpretando temas de películas en una fusión de estilos y melodías con aires asiáticos e irlandeses.

Al día siguiente asistí al coloquio con el escritor Julian Barnes ("el loro de Flaubert"). Un caballero muy inglés y muy simpático.
De lo que dijo, destacaría un comentario sobre nuestros recuerdos: decía que siempre están contaminados por la imaginación y acabamos por creernos lo que nos hemos inventado.
También comentó que cuando dice que es escritor, todo el mundo tiene una historia buenísima que contarle para que escriba una novela.
Me pareció muy gracioso porque también me ha pasado en alguna ocasión. Mucha gente no parece entender que un escritor necesita escribir sus propias historias, las que le nacen de dentro.



Y el viernes vi la película francesa Doubles Vies, una historia sobre el mundo literario actual en la
que se habla de todo: edición tradicional, ebook, audiolibros, Amazon, autoedición. Hablan mucho y muy deprisa y no pasa gran cosa, salvo que todos están liados con todos y al final todo vuelve a su cauce.
Aunque en principio me parecía interesante, no me convenció o acabó por aburrirme.

Ha habido mucho más en Kosmopolis, pero os cuento lo que yo viví.

jueves, 7 de marzo de 2019

Mi granito de arena en el Día Internacional de la Mujer


En la mayoría de mis novelas las protagonistas son mujeres. No es que me lo propusiera así en ningún momento, sino que, simplemente, siempre he sentido la necesidad de contar historias de mujeres auténticas, fuertes, valientes, luchadoras, inteligentes; de mostrar el mundo en el que viven, de denunciar las injusticias que sufren (que sufrimos).

Y eso no significa que ni yo ni ellas (mis personajes) menospreciemos a los hombres. Ellos son nuestros compañeros, nuestro complemento. De hecho, en mis novelas hay hombres maravillosos, de esos que todas quisiéramos en nuestras vidas (licencias poéticas de escritora): bondadosos, sinceros, honestos, respetuosos, sensibles... Pero también los hay malos, muy malos, abusadores, machistas, estúpidos, misóginos, maltratadores... de esos que tanto hombres como mujeres preferiríamos que no existieran.

Mi intención, si es que tengo alguna, es dar visibilidad a la mujer de verdad, a la que no necesita un
hombre que le baje la luna porque es capaz de subirse a una escalera y bajársela ella misma, a la que no tiene como máxima aspiración en la vida conquistar a un hombre guapo y rico que la mantenga (como parece seguir empeñada en hacernos creer la sociedad en la que vivimos) sino alcanzar sus propias metas, crecer como persona y no ponerse límites, con un hombre al lado o sin él. A la que se acepta como es, que se cuida para gustarse y no para gustar ni ser la envidia de nadie; la que se sabe una persona y no un objeto para deleite de otros.

Esa mujer existe. Solo falta que los hombres la vean y caminen junto a ella, que la sociedad la acepte y la respete, que la educación en las escuelas la muestre como es, como igual, como ser humano con todos los derechos y libertades.

Vivimos tiempos difíciles en los que la causa de las mujeres parece haber sufrido un retroceso en lugar  de seguir avanzando, en los que los abusos y los crímenes machistas nos escandalizan casi a diario. Es como si viviéramos un resurgimiento del machismo.

Y yo  sueño con que llegue un tiempo en el que no se celebre el Día de la Mujer porque ya no sea necesario, porque, como decía Rosa Luxemburgo: vivamos en un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.”

Mientras, seguiremos luchando todos (espero), hombres y mujeres, codo con codo.






martes, 26 de febrero de 2019

Leer, escribir, viajar



Siempre se ha dicho que leer es una forma de viajar, y no solo en un sentido figurado, sino real. Los libros evocan lugares, o los muestran de forma directa a través de la experiencia del autor, y hacen nacer en nosotros el deseo de conocerlos, de ver con nuestros propios ojos aquello que nos han contado.
Personalmente, me hace mucha ilusión  cuando alguien me escribe para decirme que ha estado en tal o cual país y se ha acordado de alguna de mis novelas que transcurría allí.

Y acabo de darme cuenta de que en la mayoría de los libros que he escrito queda patente mi pasión por los viajes. Algunos los he escrito antes de conocer el país, y como a los lectores, el escribir sobre ellos me ha impulsado a visitarlos; otros, por el contrario, han nacido de una experiencia vivida, a veces por el mero hecho de rememorarla, de revivir ese viaje.



Valga como ejemplo que escribí Nunca fuimos a Katmandú, como queda patente en el título, sin haber estado nunca allí. Lo que me animó a hacer ese viaje y a mi regreso nació  Nepal cerca de las estrellas, narrando mi experiencia.



Habana Jazz Club la escribí a base de documentación, películas y libros. Al final, sabía tanto de esa ciudad que solo me quedaba constatarlo y no me pude resistir. Cuando estuve en La Habana me emocionaba comprobar que era tal y como yo la había descrito sin conocerla y se me saltaban las lágrimas frente al malecón.


En El caparazón de la tortuga se narra un viaje del protagonista que para mi es todavía un deseo por cumplir: recorrer el Sudeste Asiático. Y espero hacerlo pronto.


Con la muerte en los tacones encierra entre sus páginas el
recuerdo de un maravilloso viaje por Sicilia.



En Tras las bambalinas aparece otro lugar que vive en mi recuerdo: Hollywood. Además de Madrid, pero eso ya es más de andar por casa, jeje.





Y en mi nueva novela (en la que todavía estoy trabajando) no me he podido resistir a dar un gran protagonismo a París, ciudad de la que me declaro absolutamente enamorada.

Habrá más libros y más viajes (espero). Siempre soñé con ser una escritora viajera, o una viajera escritora, no lo sé y tampoco importa. Me hace tan feliz lo uno como lo otro y espero seguir compartiendo mis dos pasiones con muchos lectores.




LinkWithin

Related Posts with Thumbnails