miércoles, 1 de abril de 2020

Mis rutinas de confinamiento

Todo saldrá bien. Juntos podemos

Cuando leo por ahí que hay quien se aburre en casa no lo puedo entender. A mí me sigue faltando tiempo, igual que antes. Claro que a lo mejor tengo ventaja porque mi trabajo de escritora me obliga a pasar mucho tiempo encerrada en casa sola  y ya estoy habituada.

Pero como a todo el mundo, también me gusta salir, estar con mis amigos, compartir momentos con las personas que quiero y disfrutar de la vida ahí afuera, y eso, lo confieso, lo encuentro a faltar como todos.

De cualquier manera, el ser humano tiene una enorme capacidad de adaptación y hasta un largo e inesperado encierro acaba teniendo su propia rutina. Os cuento la mía por si os sirve de algo.

-Me levanto más temprano de lo quisiera, teniendo en cuenta que no me espera nadie en ningún sitio.
Pero imagino que eso nos pasa un poco a todos, es la ansiedad, el inusual momento que estamos viviendo.

-Mi gata Lluna y yo desayunamos con tranquilidad, miro whatsapps, echo un vistazo rápido a las redes, recojo un poco la casa y llega el momento de hacer ejercicio.

Acabaremos con él
-Algunos días me hago cuatro kilómetros de pasillo arriba y abajo mientras escucho audios de inglés (así mato dos pájaros de un tiro); otros días hago Body Balace con un video de youtube, después duchita y dos veces por semana bajo la basura y hago la compra. El resto de los días me dedico a navegar por Internet, charlar con amigos y promocionar mis libros (perdón por la paliza).

-Llega la hora de comer: me preparo algo, como, veo las noticias (que me deprimen bastante, pero hay que estar informado), después una siesta cortita, me tomo un café y me pongo a escribir, ¡sí! ¡he conseguido volver a escribir!

-A las 20h un vecino nos alerta con el Resistiré a toda pastilla. Es la hora de salir el balcón a aplaudir a los que nos están cuidando y siguen trabajando para que no nos falte de nada y llevemos el encierro lo mejor posible. Los aplausos arrecian cuando pasa algún chaval de "Glovo" en bici con su mochila a la espalda para llevarle algo a alguien. Desde aquí un gran GRACIAS a todos los que velan por nosotros.

Te extraño...
-Después de los aplausos tengo una cita con mi pareja por videollamada y nos tomamos una copa "juntos" mientras charlamos un ratito de nuestras cosas y de todo lo que vamos a hacer cuando esto acabe.

-Me hago unos cuantos pasillos más, pongo las noticias, ceno, veo alguna peli o me voy a la cama y leo un rato hasta que me vence el sueño. ¡Ah...! Creíais que no leía, ¿eh? Pues sí, pero solo por la noche en la cama, durante el día no tengo tiempo.

Y esta es ahora mi vida cotidiana. Solo me faltan abrazos y besos, el contacto físico con la gente que quiero, por lo demás, todo bien.

Volver a navegar con mi hijo


Desde mi faceta de psicóloga os recomiendo que
planifiquéis vuestro día, que os levantéis de la cama con una idea clara de lo que vais a hacer. Yo los primeros días anotaba mis actividades en la agenda, ahora ya no porque ya he cogido el ritmo.

Ánimo a todos. Saldremos de esta fortalecidos. Todo saldrá bien.

Y, sobre todo: QUÉDATE EN CASA.


sábado, 21 de marzo de 2020

Lecturas para una cuarentena



Hoy os quiero recomendar algunos libros para hacer más llevadero este confinamiento en el que nos encontramos todos, como si viviéramos inmersos en una novela de Ciencia Ficción. 


Confieso que me da rabia no haberla escrito yo :) Hubiera sido el best seller de mi vida. Pero no, la ha escrito la propia vida que, como de costumbre, supera a la ficción.


Pero vamos a lo nuestro. Os voy a comentar algunos de los libros que he leído últimamente y que me han gustado:


Empezamos por el que estoy releyendo ahora: Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, que viene muy a cuento de la situación que estamos viviendo. Una ceguera blanca se expande de manera fulminante. Internados, en cuarentena o perdidos por la ciudad los ciegos deben enfrentarse a lo más primitivo de la especie humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, teje una aterradora parábola acerca del ser humano, que encierra lo más sublime y miserable de nosotros mismos.



Largo pétalo de mar, de Isabel Allende, os permitirá escapar del encierro y navegar en el Winnieg hasta Chile, huyendo de la guerra civil española. Un viaje a través de la historia del siglo XX de la mano de unos personajes inolvidables que descubrirán que en una sola vida caben muchas vidas y que, a veces, lo difícil no es huir sino volver.





La mujer fuera del cuadro, de Nieves García Bautista. Un viaje a través de la historia del siglo XX de la mano de unos personajes inolvidables que descubrirán que en una sola vida caben muchas vidas y que, a veces, lo difícil no es huir sino volver.







Sé lo que estás pensando, de John Verdon. Un hombre 
recibe una carta que le urge a pensar en un número, cualquiera. Cuando abre el pequeño sobre que acompaña al texto, siguiendo las instrucciones que figuran en la propia carta, se da cuenta de que el número allí escrito es exactamente en el que había pensado. Un thriller psicológico que te mantiene en suspenso hasta el final.



Además, para colaborar de alguna manera en vuestro entretenimiento en esta peculiar situación que vivimos, os ofrezco mi libro de relatos Gatos por los tejados, completamente gratis hasta el 25 de marzo. Lo podéis descargar en Amazon, y os recomiendo presar especial atención a un relato titulado Año 2218: Un día cualquiera, que escribí en el 2007 y que parece premonitorio de lo que está ocurriendo. Hasta a mí me pone los pelos de punta. 

Y, por descontado, en Amazon también encontraréis el resto de mis libros.


Al menos por lectura no quedará. Cuidaos, quedaos en casa leyendo y esperemos que pronto podamos volver a la normalidad.


¡Todo saldrá bien!



jueves, 30 de enero de 2020

Escribir como terapia

¿Quién no ha escrito un diario en algún momento de su vida? ¿O tal vez un poema? Es algo instintivo, una necesidad de expresarse, de comprenderse a uno mismo. No hace falta ser escritor para coger un cuaderno y un bolígrafo y plasmar sobre la hoja en blanco nuestros pensamientos y sentimientos desterrando el temor de ser juzgados, nadie va a leer lo que escribimos, incluso podemos romper el escrito una vez haya cumplido su función terapéutica. Aunque también es posible que queramos guardarlo y releerlo pasado un tiempo. Eso nos puede ayudar a comprobar si hemos evolucionado, si hemos resuelto un problema o si vamos en buena dirección.

Los pensamientos se agolpan en nuestra mente, se pisan, se enredan, nunca se detienen. Ponerlos sobre el papel nos obliga a ordenarlos y ese simple acto nos ayuda a clarificarlos, a darnos cuenta de lo que nos ocurre. A veces, incluso encontramos la solución a un problema que se manifiesta claramente en ese dejarnos fluir. Y, cuando menos, el mero hecho de escribir, de sacar de nuestro interior lo que nos atormenta, lo que nos preocupa, nos sirve de desahogo, nos ayuda a aligerar esa carga, a lo mejor incluso a desprendernos de ella.

Al atrapar ese pensamiento volátil y plasmarlo en el papel le damos una entidad física, deja de  ser
algo abstracto y podemos trabajar con ello,  ser conscientes de lo que nos ocurre y buscar la mejor solución.

Decía Vargas Llosa que escribía para liberar sus demonios internos; muchos empezamos a escribir por eso, o porque no nos gusta la realidad que nos rodea. Dicen que los escritores somos algo neuróticos  y por eso nos dedicamos a crear otros mundos, a inventar historias en las que damos salida a nuestros "fantasmas" personales. En una novela podemos decir, por boca de un personaje, aquello que no nos atrevimos a decir nunca, podemos incluso matar sin consecuencias ni derramar  una gota de sangre, podemos hacer realidad nuestros sueños más improbables.

Cualquiera puede hacer lo mismo sin necesidad de ser escritor y obtener los mismos beneficios.

Escribid y os sentiréis mejor. Además, es una terapia muy económica.

viernes, 3 de enero de 2020

2020. Suma y sigue

El mar, serenidad y calma


Hasta ahora no he tenido mucho tiempo de pararme a reflexionar sobre cómo ha sido mi 2019 y lo que espero del 2020.


Como decía un amigo, por más que cambiemos de año, de década y que el número sea bonito (2020), no deja de tratarse de un "suma y sigue". Los años no son buenos ni malos, solo son formas de acotar, de organizar nuestro tiempo y tener una cierta noción de su devenir, que puede coincidir con etapas mejores o peores de nuestra existencia.


Perito Moreno (Argentina)




Sin embargo, también creo que el inicio y el final de cada año marcan un punto de inflexión y nos invitan a detenernos y reflexionar sobre nuestra vida, sobre cómo la estamos llevando, si debemos cambiar algo o vamos por el buen camino (balance), sobre cómo planificar nuestros pasos hacia la meta a la que deseamos llegar (los propósitos). No hay nada de mágico en un año u otro. Al final lo único que cuenta es lo que hacemos y sus consecuencias, sin dejar de lado circunstancias ajenas a nuestra voluntad, claro está, pero lo que importa es la manera en que las afrontamos.

Nuevo libro publicado





En general tengo la sensación de que mi 2019 no ha estado mal. Lo empecé viajando (Italia), lo he terminado viajando (Francia) y por medio he conseguido realizar uno de mis viajes más largamente soñados: Argentina. 
He publicado dos libros: uno colectivo, Siete, y otro de viajes, precisamente: Mis viajes por el mundo en un puñado de páginas. Mis dos grandes pasiones se han visto satisfechas.


En el terreno personal ha habido alguna persona que ha salido de mi vida, probablemente porque no me aportaba nada (ni yo a ella), y ha habido quien ha entrado y espero que se quede mucho tiempo, pero eso ya se verá.

Presentación de 7Siete





Anímicamente me siento bien, tranquila, razonablemente feliz.


Por eso no hay propósitos nuevos ni tengo nada que pedirle al bonito 2020 (ya voy al gimnasio, no fumo, como sano, escribo, viajo... :) ). 


Tengo una novela terminada que se publicará este año, proyectos de viajes y ganas de seguir disfrutando de la vida. ¿Qué más puedo pedir? Solo quiero más de lo mismo. 


En Albí (Midi-Francés)





Mis mejores deseos para todos los que se pasan por aquí.
¡Feliz 2020!








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