sábado, 20 de marzo de 2021

LA FELICIDAD




Leo en alguna parte que hoy es el Día Internacional de la Felicidad...  ¡Ahí es nada! LA FELICIDAD. Una palabra grandiosa, inabarcable, inaprensible, intangible, invisible. Nos pasamos la vida soñándola, buscándola, persiguiéndola y nunca logramos alcanzarla, y mientras corremos tras ella nos vamos perdiendo pequeñas felicidades que nos tropezamos a lo largo del camino, de la vida. 


Por que para mí la felicidad es eso, los pequeños momentos que nos regala la vida: una sonrisa, una caricia, el calor de una mano amiga, ese rayo de sol en una tarde de invierno, un refrescante vaso de agua cuando tenemos sed, unas risas compartidas, una melodía, un paseo junto al mar sintiendo la arena bajo nuestros pies, el murmullo de las olas... Cosas tan sencillas que casi nos pasan desapercibidas, y es después, con el tiempo, cuando de repente recuperamos el recuerdo de ese instante y comprendemos que fuimos felices, que tocamos el cielo con la punta de los dedos.

En mi opinión no hay una FELICIDAD que alcanzar, hay que llenarse de esos pequeños momentos, hay
que disfrutarlos y conservarlos en el recuerdo; y la suma de todos ellos compone una vida llena de momentos felices, por lo que podríamos decir que, cuantos más podamos concedernos, más feliz habrá sido nuestra existencia.


Y lo mejor de todos es que alcanzar La Felicidad, engrosar el número de pequeñas felicidades, solo depende de nosotros, de nuestras ganas de ser felices, de nuestra actitud ante la vida, del color de nuestros pensamientos y de nuestra capacidad de aceptación y adaptación.

Podemos ser felices aun en las peores circunstancias, aunque sea en pequeñas dosis.

Sed felices. Es una orden.

(Momentos felices en las fotos: presentar un libro, viajar a Argentina y visitar el Glaciar Perito Moreno, salir a navegar con mi hijo).


jueves, 4 de febrero de 2021

Libros que alimentan el alma

 


Hace unos días comentaba a mis amigos de FB que estaba pasando una mala racha, como todos, por otra parte, ya que pronto hará un año que vivimos una situación anómala e inimaginable y todos, de un modo u otro estamos tocados... Pero si a eso además le sumas problemas personales la cosa se hace casi insostenible.

Y como yo nunca he sido de resignarme, de hundirme ni de ir de víctima por la vida tomé cartas en el asunto, en cuanto encontré la energía suficiente, y me puse a buscar soluciones. No las hay ante las circunstancias externas, pero sí en la manera como afrontamos esas circunstancias. 

Encontré refugio, como siempre, en los libros. Libros en este caso que me ayudaran a sentirme mejor, a ver la luz al final del túnel, y como a mí me han sido de utilidad, quiero compartirlos con vosotros por si también os pudieran servir.

Empecé releyendo "Tus zonas erróneas", de Wayne W. Dyer, un clásico que ya comenté en FB. Esta relectura me impactó mucho porque descubrí aspectos, tanto de la lectura como de mí misma, que antes había pasado por alto o había olvidado. Dyer hablaba ya en los años 70 de Inteligencia Emocional, de Mindfulness, de Coaching, de Autoayuda, solo que lo hacía con nombre menos rimbombantes propios de la psicología de toda la vida.

Otra lectura interesante para mí fue "Cómo mejorar su autoestima" de Nathaniel Branden, otro clásico.
En la mayoría de las ocasiones, la fuente de nuestros conflictos emocionales está en una baja autoestima o una autoestima mal entendida, creencias erróneas sobre nosotros mismos o sobre el mundo que nos rodea que adoptamos, en la mayoría de los casos, siendo niños y tomamos como verdades absolutas.

Y por último, aunque hay mucho más, os quiero hablar de un descubrimiento que he hecho recientemente en Instagram: Se trata de un joven psicólogo, Mario García, que acaba de publicar su primer libro, "El poder de comprender tu interior", personalmente me está ayudando mucho y os lo recomiendo.

También os puede ser de ayuda Walter Riso, psicólogo italo-argentino de sobra conocido y que tiene infinidad de títulos publicados.

A estas lecturas yo le añado la meditación, las afirmaciones positivas, el visionado de vídeos de diversos coaches (psicólogos de toda la vida) en Youtube y talleres y conferencias de desarrollo personal que se ofrecen por Internet, y os puedo asegurar que me siento mejor cada día. 

Este es un tiempo de recogimiento, de reflexión, de mirar a nuestro interior y salir de esta experiencia siendo mejores personas y más felices. Aunque, por supuesto, no debemos olvidarnos de relacionarnos con los demás, de distraernos, de divertirnos, de reírnos y de mantener una vida activa dentro de las posibilidades que tenemos ahora.

Sed felices.



martes, 26 de enero de 2021

La soledad del escritor


 
Hoy me he tropezado con este texto que escribí hace 10 años sin sospechar que la vida propiciaría esa soledad de la que, de algún modo, me quejaba en ese momento. Lo cierto es que hasta se ha pasado (la vida), tanto, que a muchos se nos hace difícil ponernos a la tarea. A mí, entre ellos, lamentablemente.

Hoy día, con los medios que tenemos a nuestra disposición,  todo el mundo puede escribir; y de hecho, así es: cualquier persona puede escribir una novela y publicarla a través de plataformas o editoriales que se dedican a hacer realidad lo que para algunos es un capricho.
Pero ser escritor o escritora es otra cosa.
Ser escritor requiere tiempo, dedicación, disciplina, concentrarse seriamente en el trabajo durante meses o años; requiere soledad, muchas horas de soledad diarias que tal vez un@ preferiría emplear charlando con l@s amig@s, o estando con su familia, o saliendo de fiesta por ahí.
Creo que ser escritor o escritora es el trabajo más solitario del mundo.

Porque en cualquier otro trabajo se tienen compañer@s, clientes. Se puede pintar con otras personas, componer entre amig@s, bailar en un ballet. Pero para escribir un@ tiene que hurgar en su mente, darle vueltas a una idea, ir creando su forma, y después pasarlo al papel (o al ordenador, o a la libreta), y todo ese proceso sólo puede realizarse en soledad.
Yo, por lo menos, soy incapaz de escribir con ruido o gente alrededor; quizás por eso me planteé escribir en serio bastante tarde, porque antes estaba demasiado dispersa.

Y, no sé para vosotr@s, pero para mí, esa exigencia de soledad es lo más duro.

Muchas veces tengo que sacrificar otras cosas que me apetecería hacer para encerrarme sola a escribir; y al cabo de unas horas a lo peor hasta me deprimo porque llevo toda la tarde sola. Pero si salgo y estoy con gente o haciendo cualquier cosa, estoy deseando encerrarme de nuevo para seguir con mi novela...
También es verdad que después de pasarme toda una tarde escribiendo me siento bien, muy bien.
Pero es duro ¿no creéis? Ser escritor o escritora no es tan fácil ni tan bonito como pueda parecer.

viernes, 8 de enero de 2021

El peor año de nuestra vida

Cada vez que finaliza un año a muchos nos gusta hacer balance de lo que ha sido. Este año parece que no tenemos muchas ganas, es lógico, 2020 será siempre un año de infausto recuerdo. Esperemos que el 2021 que recibimos con tanta ansía no nos decepcione y todo vaya mejorando. No ha empezado bien, y eso es normal, cambiar de calendario no opera el milagro, si fuera así, el negro 2020 habría sido el año más corto de la Historia, con gusto le habríamos dado carpetazo en el mes de marzo.

Parece que cada generación tiene una catástrofe reservada para dejar impresa su huella en la historia del Mundo. A nosotros nos ha tocado el Covid19, pero si lo pensamos bien, peor fue la época de nuestros padres y abuelos, con una Guerra Civil y la Gripe Española. El Corona Virus nos ha pillado en plena era de Internet, con avances médicos que han podido paliar sus efectos y que lograrán vencerlo, confiemos, que a corto plazo. No hemos tenido que correr a refugios al sonar las alarmas sin saber si volveríamos a casa, todo lo contrario, solo con refugiarnos en nuestro hogar, rodeados de comodidades, estamos a salvo.

Sé que no es igual para todo el mundo, que muchas personas han fallecido, que muchas familias tienen que lamentar la pérdida de alguno de los suyos, que otros han perdido sus trabajos y sufren las consecuencias económicas, que vivimos una crisis terrible de la que no será fácil salir. Pero quiero aferrarme a la parte positiva de todo esto, que aunque no lo creáis, también la tiene.

Hemos aprendido una lección: no somos invencibles, no somos todopoderosos, tenemos que vivir el momento porque nunca sabemos lo que puede ocurrir. Han cambiado nuestros valores: hemos entendido que son más importantes las personas que las cosas, los sentimientos que las posesiones; el valor de un abrazo, de un beso, la compañía de un ser querido. Hemos aprendido a estar solos, tal vez nos hemos encontrado con nosotros mismos y hemos reflexionado, y probablemente, nunca volvamos a ser los mismos de antes. Ojalá sea así.

Mi balance, al final, es positivo; tal vez, incluso más positivo que otros años. La desgracia no me ha tocado de cerca, he tenido momentos felices y los he disfrutado en los breves espacios de tiempo en que me ha estado permitido hacerlo; he sufrido como todos la soledad, el aislamiento, sobre todo en el último trimestre que por cuestiones personales me he sentido al borde del abismo, pero he sacado un gran aprendizaje de todo ello y he salido fortalecida y más sabia. 

¡Incluso he publicado una nueva novela!

En esta ocasión, suena superfluo desearos feliz año nuevo sin más. Os deseo fortaleza, salud y buen ánimo para afrontar lo que nos quede y fe en que saldremos adelante y recuperaremos nuestras vidas, por lo menos, tal como eran.

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