domingo, 9 de septiembre de 2018

Navegando por el Báltico: Tallinn (Estonia)

Tallinn

Con cierto retraso, después de problemas varios incluido el tener que comprar un ordenador nuevo, retomamos la crónica del crucero por el Báltico que dejamos en San Petersburgo.

La siguiente escala de nuestro crucero era el puerto de Tallinn, una preciosa ciudad medieval de Estonia.

Catedral ortodoxa de Alexander Nevski


La verdad es que está absolutamente volcada en
el turismo y era difícil moverse por sus estrechas calles sin toparse con grupos de turistas, y del todo imposible hacer alguna foto sin "extras", lo que le resta parte de su encanto. Aunque quizás fuera  porque coincidió que era el día de mercado y supongo que una buena oportunidad de negocio para los... ¿tallinneses?

Una de las puertas de entrada a la ciudad








El caso es que los puestos del mercado estaban montados según la usanza medieval y todos los vendedores iban vestidos de la época. Incluso hicieron un pequeño espectáculo con bailes medievales en medio de la plaza del mercado. En fin, imagino que en invierno esa ciudad debe ser una delicia, pero lamentablemente no hay cruceros porque el mar está helado y el frío debe ser de antología. No hay nada perfecto.


Farmacia Raeapteek






Tallinn cuenta además con una de las farmacias en activo más antiguas del mundo, la de  Raeapteek,  en la misma plaza del mercado; se abrió en el siglo XVI y ha permanecido en activo de manera ininterrumpida desde entonces. Las dependientas despachan estóicamente Ibupropheno o tiritas mientras los turistas entran y salen, curiosean y hacen fotos (y compran Ibupropheno o tiritas).


Y ahí terminó el crucero para mí, puesto que esa misma noche sufrí una indisposición en el barco que me impidió visitar Estocolmo, origen y final del viaje. ¡Qué se le va a hacer!


Murallas y puerta de entrada a la ciudad



Empecé esta crónica en julio y la termino a primeros de septiembre, con el verano despidiéndose y el deber llamando a mi puerta: hay que ponerse a trabajar, que los libros no se escriben solos. 

El invierno invita al recogimiento, a encerrarse en la cueva e inventar mundos e historias. 
Algún día escribiré una novela ambientada en un crucero, creo que puede dar mucho de sí.








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