viernes, 9 de diciembre de 2011

El placer de la lectura

Hace un par de días me encontraba en la biblioteca de mi barrio curioseando entre las estanterías, hojeando los libros que me llamaban la atención, recordando algunos que he leído y tomando nota de otros muchos que tengo ganas de leer.
Después, en un banco del parque vi a una chica enfrascada en la lectura de un libro, relajada, ajena a cuanto ocurría a su alrededor. Siempre que veo a alguien concentrado en la lectura me produce una sensación de placidez, de envidia sana. Me trae a la memoria momentos impagables en los que yo también me he zambullido en una historia y me he olvidado del mundo. Algo parecido a lo que me ocurre cuando escribo, aunque sin esa tensión, entre el placer y la angustia, que produce escribir una novela.
Entonces me di cuenta de que, entre unas cosas y otras, hace mucho tiempo que no leo por gusto, que no disfruto de la lectura porque todo cuanto leo es por obligación: manuscritos de los que tengo que hacer un informe, libros de escritura creativa para preparar el taller, compromisos de amigos y conocidos que no tardarán en preguntarme qué me ha parecido su novela y mil ocupaciones más que reducen al mínimo mi tiempo para leer lo que de verdad me apetece.
Es paradójico que cuando más inmersa estoy en el mundo literario no me quede tiempo para disfrutar de la lectura...
Así que he decidido que tengo que ponerle remedio a esto y será uno de mis propósitos para el año próximo: reorganizarme, reservarme un tiempo para mi, darme permiso para disfrutar de uno de mis mayores placeres, precisamente el que me llevó a escribir.

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