miércoles, 5 de marzo de 2014

Lecciones del maestro al joven escritor

El primer capítulo es esencial. Si a los lectores no les gusta no leerán el resto del libro.

Todo el mundo sabe escribir, pero no todo el mundo es escritor.

Los escritores somos frágiles porque conocemos dos clases de penas: las del amor y las del libro. Escribir es como amar: puede ser muy doloroso.

Uno se convierte en escritor no renunciando nunca.

Escribir un libro es librar una batalla.

El privilegio del escritor es que puede ajustar cuentas con sus semejantes a través de sus libros.

La enfermedad del escritor es querer dejar de escribir para siempre y no poder hacerlo.

Los escritores que se pasan la noche escribiendo, bebiendo y fumando son un mito. Hay que ser disciplinado, cumplir horarios, conservar el ritmo y ser tenaz.

Una idea hay que dejarla madurar, impedir que salga, permitirle crecer en nuestro interior. 

Las palabras no tienen importancia, son de todos. Un escritor se define por el sentido particular que es capaz de darles.

Ser escritor significa  transmitir emociones y conmover, aunque no se hayan vivido.

Escribe para ser escuchado, no para ser leído.

¿Cómo saber cuándo un libro está terminado? Los libros son como la vida, nunca se terminan del todo.


Estos son algunos de los consejos que da el prestigioso escritor y catedrático Harry Quebert a su joven alumno, Marcus Goldman, en  La verdad sobre el caso Harry Quebert,  un thriller en el que nada es lo que parece y que inicia cada capítulo con un apunte meta-literario.

Debo decir que es una novela "adictiva", aunque  no os guste el género negro  o el suspense, como es mi caso. Los saltos en la trama y las continuas sorpresas no os permitirán soltar el libro hasta el final. Entretenido y muy ameno.







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