jueves, 18 de diciembre de 2014

Los libros que debes leer si quieres ser un intelectual (o eso dicen...)


Hay algunos libros que parecen de obligada lectura si pretendes ser medianamente culto; que son considerados tan buenos, que muchos lectores entendidos te mirarán con desprecio o conmiseración si osas decir que no te han gustado. Son parte del canon literario, joyas de la intelectualidad.

Lo curioso es que esa lista suele coincidir con frecuencia con aquellas obras que algunos lectores (valientes) confiesan no haber sido capaces de terminar...

¿Cuál es el criterio para ensalzar un libro hasta convertirlo en imprescindible? ¿Para que pase de generación en generación, siga siendo leído por esforzados lectores y parezca sacrílego no valorarlo de forma positiva y venerarlo de por vida?

Como escritora, me siento en la obligación de conocer esos textos mitificados para aprender de ellos y sus autores, o cuando menos, para poder opinar con conocimiento de causa. Además, no soy capaz de dejarlos a medias, tengo que llegar hasta el final y  tratar de comprender dónde está ese valor que mi mente obtusa es incapaz de captar...

El primero que me viene a la cabeza es el mismo que os viene a todos: Ulyses, de James Joyce. Lo terminé, con esfuerzo, pero lo terminé. Y lo que más admiro de esta obra es la capacidad de su autor para haberla convertido en un mito.

Otro libro que no me interesó demasiado fue El guardián entre el centeno, de Salinger. Ni tampoco me entusiasmó Rayuela, de Cortazar. Me gustan más sus relatos.

Y recientemente he leído El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers, que me ha parecido deprimente.


Entre los autores idolatrados, no puedo con Murakami. Lo siento. No consigo entrar en sus novelas, no me identifico con sus personajes, me introduce en un mundo que no me dice nada. Lo que más me ha gustado de él ha sido De qué hablo cuando hablo de correr, precisamente porque no es una novela, sino que habla de sí mismo, de autosuperación y de literatura.


También hay que decir que otros imprescindibles sí me han gustado. Y los que nunca me decepcionan son los clásicos. Pero este ya sería tema para otro post.






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