viernes, 21 de agosto de 2009

Tener una pasión


Los escritores somos seres afortunados. Y cuando digo escritores me refiero a quien puede vivir de escribir (doblemente afortunado), a quien sueña con poder hacerlo algún día, al que escribe como divertimento, porque disfruta inventando historias y personajes, o a quien busca consuelo en la escritura como desahogo, para ordenar sus ideas y aclararlas (magnifica terapia, por cierto).
Todo el que escribe es escritor. Y como decía al principio, los escritores somos afortunados porque tenemos una pasión. Como lo son los pintores, los músicos, cualquier artista que viva por y para su pasión, en la que encuentra la finalidad última, el sentido de su existencia.
Tener la capacidad de expresarse , de crear, en la forma que sea, es lo más grande que le puede ocurrir a un ser humano. Y diría incluso que es una necesidad universal, aunque muchos no llegan a encontrar nunca la manera de exteriorizarla, de desarrollarla.

Ese momento de intimidad, de soledad frente a la hoja en blanco, frente al lienzo, frente al pentagrama vacío, es algo único, sublime. Y cuando la creatividad fluye libremente, cuando empiezan a definirse los personajes, las historias, y todo cobra vida propia y sientes que sólo eres un instrumento de tu propia imaginación, eres Dios, eres un niño en posesión del más maravilloso de los juguetes.
Disfruta de ese momento, disfruta de tu juguete, y nunca dejes de jugar.

(Nota: efectos del calor sobre la debilidad de las neuronas, jeje...)

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