sábado, 15 de agosto de 2009

Viaje a Portugal (II)


La estación de Sao Bento de Oporto a la que acudimos para tomar el tren hacia Lisboa, aparece en todas las guias de viaje como uno de los lugares dignos de ser visitados, y motivos no le faltan: aparte de la fachada exterior, que es una belleza, las paredes del vestíbulo están recubiertas de azulejos que evocan distintas escenas de la historia de Portugal.
Si tuviera que definir Lisboa con una palabra diría "contraste"; claro que eso es porque me gusta meterme en todas partes y no limitarme a los lugares turísticos. En Lisboa hay partes muy bellas y bien cuidadas, barrios pintorescos como Alfama o Chiado, pero también hay suciedad y dejadez en zonas muy céntricas, y sobretodo, sorprende ver la gran cantidad de personas que sobreviven en la calle.
Es dificil elegir una imagen de Lisboa para poneros. Podría ser la típica del tranvía 28 que recorre los rincones más representativos de la ciudad; o quizás mi visita a Pessoa en A Brasileira, su café favorito, donde aguarda petrificado a los turistas para que se fotografíen con él; o tal vez la de la estatua de Camoes; alguna de las empinadas calles, la Torre de Belem, los famosos pasteis del mismo nombre, el monumento a los descubridores o el Castillo de San Jorge. Bueno, ya lo decidiré.
Después de Lisboa nos fuimos a Sintra, una población cercana famosa por su palacio que es como de cuento de hadas. Pero ofrece poco más, salvo un par de calles repletas de comercios y una tremenda explotación turística.
Disfrutamos mucho más de nuestra visita a Cascais, lugar playero por excelencia para los lisboetas que lo tienen a tiro de piedra. Me recordaba a cualquier pueblito de la Costa Brava, con calles peatonales y tranquilas calas, aunque con maravillosas casas de estilo colonial frente al mar en las que yo sería feliz escribiendo.
El Atlántico desde allí se ve infinito; comprendo que los portugueses tuvieran ese ansia de viajar y descubrir nuevas tierras; aquella inmensidad azul parece invitar a ello. Tanto nos entusiasmamos contemplándolo y haciendo fotos que llegamos andando hasta Estoril.
Por la noche tomábamos el avión de regreso a Barcelona. La aventura de Portugal había terminado.

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