viernes, 17 de octubre de 2008

Reflexiones de una bloguera novata


Hoy hay fiesta por los tejados: cumplimos una semanita de vida y apenas hemos empezado a explorar el propio territorio y a aventurarnos tímidamente por los tejados ajenos.
Un blog es como un diario; como aquel que empecé a escribir cuando tenía trece años. Sólo que entonces lo ocultaba bajo el colchón para preservar mi intimidad, y éste es un derroche de exibicionismo (ventajas de la edad: con los años se pierde la vergüenza).
Lo bueno del blog es que puedes expresarte libremente, puedes hablar de lo que quieras y tanto como desees sin que nadie te interrumpa, sin preocuparte de si tu interlocut@r estará pensando que eres una pesada, que tiene la sartén en el fuego o al niño en la bañera y no sabe como cortarte el rollo.
A mí esto me va muy bien porque soy muy charlatana, se me amontonan las ideas en el cerebro y tengo que sacarlas antes de que empiecen a salírseme por las orejas. Por eso escribo, supongo, porque necesito expresarme, compartir, comunicarme con el mundo.
Lo malo del blog es si nadie te escucha, o lo que es lo mismo: si nadie te confirma que te escucha haciendo un comentario, dejándote un saludo.
Yo no puedo quejarme. Por ahora han ido pasando por aquí l@s amig@s; pero esto es como una larga enfermedad: al principio todo el mundo viene a verte, pero con el tiempo se van cansando y solo quedan los que te quieren de verdad, o l@s que han pasado por casualidad y empiezan a cogerte cariño.
Sea como fuere, yo seguiré escribiendo, compartiendo lo que tengo, lo que soy y lo que siento, confiando en que al menos, de vez en cuando, haya alguien al otro lado de la pantalla.

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