jueves, 19 de noviembre de 2009

¡No sin mi portátil!

Esta semana he estado dos días sin ordenador, lo que me ha dado qué pensar (más que nada porque he tenido más tiempo).
Hace apenas cinco años yo creía que un ratón era un bicho básicamente repugnante, con una larga cola, ojos pequeños y unos dientes afilados dispuestos a arrearte un buen bocado (todavía no había leído "Firmin"). Y de pronto me doy cuenta que el PC se ha convertido en parte de mi rutina diaria; no sólo eso, sino que me es absolutamente necesario: lo uso para mi trabajo, para comunicarme con mis amig@s, para buscar información, para escribir, para entretenerme...Y cuando me falló entré en pánico: ¿Qué iba a ser de mi sin él?
Sin embargo, descubrí que no sólo se puede vivir sin PC sino que no estaría de más apagarlo de vez en cuando y desintoxicarse de tanto bit.
En este par de días he leído más y he salido a la calle sin dejarme vencer por la tentación de comunicarme con el mundo a través de una pantalla, y sin sentimiento de culpa por no estar pendiente de mi blog, del facebook o del correo.

No he trabajado en mi novela, eso también es verdad, y lo es porque ya no sé escribir a mano. Bueno, si sé, pero no me gusta; me he acostumbrado al ordenador que va a la misma velocidad que mi mente mientras que el boli sobre el papel es bastante más lento.
Pero he tenido mucho más tiempo para todo; he comprobado que el día es más largo de lo creía y da más de sí cuando no te pasas horas y horas delante del ordenador.
He descubierto, en fin, que tengo una relación de amor-odio con este artefacto, y he pensado que sería bueno darle vacaciones de tanto en tanto y vivir a la "antigua usanza", hacer como una especie de dieta de la alcachofa.
A ver si soy capaz.

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