sábado, 5 de diciembre de 2009

Préstame un libro

A la mayoría de la gente aficionada a la lectura se le hace cuesta arriba eso de prestar libros, ¿por qué?, me pregunto yo.
Y me respondo: porque no sé que tienen los libros que despiertan nuestra avaricia, un ansia de posesión, de fanático coleccionismo...Y los acumulamos en nuestras estanterías como el mayor de los tesoros aunque sepamos que nunca más volveremos a leerlos, y a riesgo de que una noche nos despierte un gran estrépito provocado por la extenuada y deforme estantería que se ha partido por la mitad desparramando las joyas de la corona por los suelos.
¿Recobraremos la razón, entonces, y nos desharemos de algunos libros? ¡¡NOOO!! Arreglaremos el estante, lo reforzaremos, añadiremos más si es preciso, y también más libros, como si quisieramos perecer sepultados por ellos.

Por otra parte, cuando alguien nos pide un libro prestado es como si nos arrancaran a un hijo de nuestros brazos con la dolorosa certeza de que no volveremos a verlo nunca.

Porque otra extraña peculiaridad que tienen los libros es que se encariñan de tal modo con su nuev@ amig@ que raramente regresan a su hogar primigenio.

-Oye, ¿ya te has leído el libro que te presté?
-Sí, si, mañana te lo devuelvo.

Y éste diálogo se puede repetir durante años, hasta que nos damos por vencid@s o lo olvidamos (que sospecho que es eso precisamente lo que persigue el/la usurpador/a...).

Personalmente, a base de cambios de casa y de "¿cómo me llevo ahora todo esto"?, he ido perdiendo ese espíritu coleccionista, y conservo sólo algunos libros amarillentos a los que tengo un especial cariño y sé que releeré algún día (de hecho, lo estoy haciendo), otros por sentimentalismo, porque alguien me los regaló o me recuerdan un momento especial de mi vida, o los que subrayé por una razón u otra y me gusta revisar de vez en cuando.
Pero ahora ya no acumulo libros. Entre otras cosas porque muchos los cojo de la biblioteca pública y otro me los bajo de Internet y los leo en la PDA; aún así no me resisto a seguir comprando algunos, pero, salvo excepciones, no me importa prestarlos o regalarlos.

¿Y vosotr@s? ¿Sois coleccionistas maníac@s o derrocháis generosidad?

Feliz finde (sobre todo para l@s que tienen puente...).

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