miércoles, 14 de enero de 2009

Del oficio de escribir

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RECETA PARA CONFECCIONAR UNA PLUMA
1. Conseguir una pluma grande de pavo, ganso o cuervo.
2. Calentar un poco de arena en un recipiente.
3. Al estar la arena al rojo vivo, sumergir en ella el cañón de la pluma durante
unos minutos.
4. Los aceites que contiene se secarán y el extremo de la punta se volverá duro y
resistente.
5. Disolver un poco de alumbre en agua hirviendo y mojar el cañón de la
pluma.
6. Con un cuchillo cortar el extremo al sesgo y formar la punta.
7. Por último hacer una hendidura vertical.


Ayer me encontré con esta receta mientras navegaba por Internet buscando información para un cuento que estaba escribiendo. La copié porque me pareció curiosa, pero también me hizo reflexionar: pensé que hubo un tiempo en que ser escritor era poco menos que un acto heroico. Me vino a la mente aquella imagen romántica (para nosotr@s, no tanto para ell@s) del escrit@r en una pequeña y oscura habitación, armad@ únicamente de pluma y tintero y rellenando cuartillas con hambre y frío, con la perseverancia de quien tiene el convencimiento de estar escribiendo una gran obra.
Creo que si hoy en día hay tant@s escritor@s es porque lo tenemos muy fácil. El ordenador es nuestro gran aliado; Internet, la más completa enciclopedia imaginable; y la posibilidad de comunicarnos y apoyarnos entre nosotr@s es un gran estímulo. Sin olvidar que publicar ha dejado de ser un sueño y está al alcance de cualquiera que pueda pagarlo, aunque tod@s prefiramos que se nos reconozca nuestra valía y nos publique una editorial al uso.
Escribir, antes, sí que tenía mérito. Sin necesidad de remontarnos hasta los tiempos de las plumas de ave; incluso cuando ya existía la máquina de escribir, había que tener un gran bagaje cultural y una enorme imaginación para componer historias. Además de un gran espíritu de sacrificio y una inquebrantable confianza en un@ mism@.
¿Qué opináis vosotr@s?

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